lunes, 15 de febrero de 2016

Las represiones manceristas

I. Todos o casi todos los levantamientos populares que han llegado a revoluciones, en la historia mexicana: 1810, 1845 y 1910, con las miles de insurrecciones para demandar democracia y republicanismo, se han debido a los abusos de los gobernantes que se vuelven socios y cómplices de los ricos que explotan al pueblo, al que no le queda más recurso que ejercer la democracia directa con levantamientos violentos para acabar con un régimen. Incluso desde la Conquista, esos levantamientos han nacido en los pueblos alejados del centro político y económico del país, hasta cercarlo. Pero hoy hay condiciones para que sea al revés. Y que la insurrección nazca en la capital del país con más de 1 millón de indígenas en pobreza extrema, una degradada clase media y un grupo de millonarios en un esquema de brutal desempleo, salarios de hambre y una sangrienta inseguridad que está creando una crisis de olla de presión a punto de estallar.
ConjeturasII. No es cierto que 2 millones estén en el desempleo. Éstos son los recientemente despedidos. Pues hay 50 millones en la informalidad y la otra mitad tiene una plaza laboral muy mal pagada. En la Ciudad de México, algunos desempleados instalan un changarro callejero; y el señor Mancera envía a la policía para reprimirlos y robarles sus humildes pertenencias que despedazan al desmantelar. Golpeados, heridos o encarcelados, esos mexicanos menos tienen de dónde subsistir. Todos los días hay sangrientas represiones y la Comisión de Derechos humanos local no mueve un dedo, en complicidad con el doctor en derecho represivo, que a las demandas de empleo para sobrevivir, responde con gases lacrimógenos y golpes de sus sangrientos radicalismos policiacos. Pero aún así anunció que renunciará al cargo a más tardar en julio de este 2016, para iniciar su candidatura a la presidencia de la República. Aunque no es de izquierda ni de centro ni derecha, sino conservador derechizante, sin agallas para jugársela como independiente.
III. Marcelo Ebrard lo hizo procurador, y luego lo dejó en esa jefatura; pero don Miguel Ángel lo traicionó en cuanto vio que lo podía eliminar como adversario a la candidatura presidencial. Pablo de Llano opina en su nota: “Mancera en crisis”: “el jefe de gobierno de Ciudad de México aspira a la presidencia en el 2018, pero sus traspiés en la gestión de la capital lo desacreditan” (El País, 27 de enero de 2016); y más que pragmático, es oportunista nato. La capital del país ha tenido mediocres y malísimos gobernantes, opacados por el sonorense Ernesto P Uruchurtu. Todos se han enriquecido bestialmente, haciendo de los poderes públicos un botín, amparados en la impunidad. Pero Mancera ha fracasado totalmente, pues la inseguridad no para; y los abusos policiacos aumentan con el reglamento de tránsito y el negocio de las “foto multas”. La clase media lo odia y espera el desquite en las urnas, si es que llega a figurar, lo que no es difícil… ¡sino imposible! Es un imitador del desgobernador chiapaneco, Manuel Velasco, y de Peña, lo que lo ha hecho más impopular; y se reparte el poder con los delegados de los partidos Revolucionario Institucional, Acción Nacional y de la Revolución Democrática, dejando a la ciudad en el caos.
Domingo 14 de febrero de 2016

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