lunes, 7 de septiembre de 2015

Expertos desecharon “verdad histórica” de Murillo Karam… desde noviembre del 2014

El sitio donde supuestamente quemaron a los normalistas en Cocula, Guerrero. Foto: AP / Alejandrino González


MÉXICO, D.F. (proceso.com.mx).- “La verdad histórica” sobre el caso Ayotzinapa dada a conocer el 7 de noviembre del 2014 por el entonces Procurador General de la República, Jesús Murillo Karam (quien diez meses después fue desaparecido por el presidente Enrique Peña Nieto de su gabinete), fue refutada por peritos, expertos y testimoniales de pobladores del municipio de Cocula, Guerrero, de manera inmediata.
El semanario Proceso, en su edición 1985 del 15 de noviembre publicó en su portada una imagen del basurero en el que de acuerdo con la versión oficial habrían sido incinerados los cuerpos de los 43 estudiantes desaparecidos de la Normal Rural Isidro Burgos, acompañada de un título contundente: La pira increíble.
Y en esa misma edición que da cuenta de testimonios de funcionarios municipales y pepenadores, publicó una entrevista con el experto en incendios y explosivos, Alfonso Palacios Blanco, quien afirmó: “ahí no hubo incineración o no incineraron la cantidad de cuerpos de la que hablan”.
Semanas después, en el número 1999 del 21 de febrero de este año, bajo el título Otra losa a la “verdad histórica” de la PGR, el perito del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), Jorge Arturo Talavera aseguró que era falso que en ese lugar se hubiera prendido fuego a los normalistas.
El 15 de noviembre, Proceso, en un reportaje firmado por Marcela Turati da cuenta de observaciones realizadas durante una visita a El Papayo, como se conoce al basurero de Cocula.
La gente que siempre está allí asegura no haber visto ni escuchado nada, mientras que otros testigos confirman que la noche del 26 de septiembre llovió.
Según Murillo Karam nadie vio nada porque es un lugar abandonado, lejos de la vista de todos, y si alguien vio prefirió callar, por miedo.
Pero contrario a lo que narró en su momento el defenestrado Murillo, el Papayo está poblado de vacas y es visitado por pepenadores que, entre sus labores de rutina, queman basura.
El propio empleado del municipio que maneja el camión asignado a este tiradero, el señor Rosí Millán, confirmó a Procesoque él siguió entrando a la zona hasta dos semanas después de la desaparición de los normalistas; después, personas que él identifica como militares le cerraron el paso.
El regidor de Ecología del municipio, el panista Juan Bringas, encargado de los basureros, aseguró a este semanario que los camiones dejaron de subir porque recibieron orden de no hacerlo, pero no supo explicar quién dio esa orden.
Y en las redes sociales pronto se difundió que esa noche hubo lluvia, lo que hubiera impedido las llamas. Los datos son de diversos centros que publican información meteorológica e incluso un comunicado del gobierno de Guerrero, que advertía de fuertes lluvias.
“Esa noche llovió en Cocula, esa noche y de madrugada estuvo llueve y llueve”, dijo a Proceso un reportero que reside en el municipio. Lo confirmaron periodistas que el 26 en la noche llegaron a reportear a Iguala –donde vieron los cuerpos de dos normalistas muertos, tirados sobre el pavimento–, igual que las fotografías y los videos.
En esa misma edición de Proceso, la 1985, el experto en incendios y explosivos, Alfonso Palacios Blanco, entrevistado por la reportera Patricia Dávila, dio su dictamen: “En Cerro Viejo no hubo incineración o no incineraron la cantidad de cuerpos de la que hablan”.
Y agregó: “Dice nuestro procurador que los quemaron con llantas, diésel y gasolina a mil 600 grados centígrados de temperatura, pero el acero se funde a 2 mil 500. Por lo tanto, en cantidad considerable, debieron encontrar fibras metálicas de los neumáticos que emplearon, porque para quemar 43 cuerpos debieron utilizar de tres a cuatro neumáticos por persona y una cantidad considerable de gasolina y diésel”.
–¿Qué cantidad de gasolina, diésel y neumáticos se requirieron para quemar a 43 personas? –se le pregunta a Palacios.
–Tomando en cuenta las característica del cuerpo, creo que tres o cuatro llantas y 25 litros de combustible por persona para que se concentre el calor. Porque, si es una pila –según los testimonios de los sicarios– y está en un espacio abierto, el calor y la energía se disipan. Además, en esos días estuvo lloviendo mucho; eso no facilita la destrucción de los cuerpos. Si esa combustión se hace en un espacio cerrado, es creíble, pero si se esparce al medio ambiente, no es tan simple. ¡Imagínese calcinar por completo 43 cuerpos! Si quemo cinco, puede ser, ¿pero 43? Son demasiados.
Y concluye: “Mi dictamen es que ahí no hubo esa cantidad de incineración de cuerpos. Los residuos hubieran dejado las fibras, y el acero se funde a 2 mil 500 grados centígrados. Sin embargo, según el procurador Murillo Karam, la temperatura era de mil 600. Entonces, ese acero debió estar ahí, cuando llegaron los peritos.
“Por otro lado, el humo de las llantas y el olor que desprende un cuerpo al quemarse debieron apreciarse en un área de 10 kilómetros a la redonda. Además, el olor debió impregnar el ambiente durante varios días.”
Posteriormente, en la entrevista al perito del INAH, publicada en la edición 1999 de Proceso, bajo el título Otra losa a la “verdad histórica” se destacó:
“La ciencia se ensaña con las versiones del procurador de Jesús Murillo Karam. ¿Dónde están las hebillas de los normalistas presuntamente incinerados en Cocula? ¿Por qué no se quemaron los victimarios, si mil 600 grados centígrados convertirían toda la zona en un gigantesco horno? ¿Por qué no se incendió el basurero? ¿Dónde están las estructuras metálicas de las llantas usadas para prender el fuego? ¿De qué árboles salió la media tonelada de leña necesaria para la pira? ¿Por qué no hay grasa humana en el suelo? El perito del INAH Jorge Arturo Talavera lo tiene claro: “En el basurero no fueron incinerados los 43 estudiantes”.
El experto declaró en ese momento que la falta de certezas científicas puede tumbar jurídicamente el caso Ayotzinapa y dejar en libertad a José Luis Abarca, exalcalde de Iguala; a su esposa, María de los Ángeles Pineda, y a los policías que supuestamente participaron en la desaparición.
Con 35 años de experiencia en esta materia, el investigador fue contundente: “En el basurero no fueron incinerados los 43 estudiantes. Si así ocurrió, las autoridades deben mostrarnos científicamente que hay grasa humana en el suelo, y de eso la Procuraduría no ha dicho nada. Además, entre las muestras óseas la PGR presentó una corona dental que corresponde a una persona de más de 50 años, no a jóvenes de 18 a 20 años”.

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