jueves, 9 de enero de 2014

De Thoreau a Gandhi, o del sujeto a la política de masas

De Thoreau a Gandhi, o del sujeto a la política de masas


Tolstoi fue un entusiasta lector de Thoreau y el más directo continuador, a su manera, de su resistencia pacífica. Un constante desafío de la autoridad establecida, una cierta actitud entre anarquista y libertaria, vertebró siempre las reflexiones políticas de Tolstoi, que es, curiosamente, el eslabón más directo para transitar desde Thoreau hasta Gandhi. Y es que Tolstoi publicó en 1908, en una revista india, su Carta a un hindú , un texto que dio lugar a un intenso intercambio epistolar con Gandhi, entonces todavía en Sudáfrica, influyendo así el novelista ruso de un modo determinante en la definición de la resistencia no violenta de Gandhi. Gandhi es el eslabón que explica la transformación de la desobediencia civil, definitivamente, en una estrategia política. Siendo todavía la India una colonia del Imperio Británico, Gandhi empleo la resistencia pacífica como actitud para desafiar a las autoridades coloniales inglesas, que tenían ganada de antemano la partida en un enfrentamiento violento. De ahí que Gandhi optase por la estrategia del boicot, de la sublevación pacífica, mediante movilizaciones, huelgas y todo un conjunto de estrategias que saboteasen el funcionamiento ordenado de la Administración británica.

La Marcha de la Sal comandada por Gandhi en la India, en marzo de 1930, es
seguramente uno de los ejemplos históricos de mayor elocuencia sobre el fundamento y alcance de la desobediencia civil. Tras una progresiva escalada de acciones no violentas y multitud de huelgas de hambre, reclamando un estatuto de autonomía para la India semejante al que disponían otras colonias británicas como Australia o Canadá, Gandhi resolvió dar un paso más adelante en su desafío. Advirtió entonces al virrey de la India de que procederían a ejercer el derecho natural de los hindúes a producir sal. De tal modo que, acompañado por decenas de seguidores y periodistas, Gandhi emprende una marcha de 300 kilómetros desde su monasterio hacia el noroeste del país. El 6 de abril llegaron ante las costas del Índico y, en un gesto simbólico de resonancias históricas, Gandhi se introdujo en el agua y recogió un puñado de sal con sus manos.
Un gesto que suponía violar el monopolio británico sobre la producción y distribución de la sal, que había sido gravada con un impuesto, impidiendo su libre disposición por los hindúes como antaño. Gandhi escogió la cuestión de la sal para su reivindicación también consciente de su generalidad, puesto que afectaba a toda la población de la India, fuera cual fuese su origen étnico, su casta o su religión. El gesto de Gandhi fue secundado por miles y miles de personas, llenándose las cárceles de presuntos ladrones de sal. Gandhi logró que las autoridades británicas cayeran en la cuenta de lo irracional que sería proceder a una represión violenta de este gesto masivo, quedando precisamente en entredicho su autoridad administrativa ante toda la población nativa.


El resultado final fue la liberación de todos los encarcelados por esta causa y la
derogación del impuesto sobre la sal, reconocido de nuevo, pues, el derecho de libre disposición por parte de todos los hindúes. Es una historia cargada de simbolismo, de resonancias históricas y que explica a la perfección el hilo conductor que articula y fundamenta la desobediencia civil en tanto que estrategia política organizada. Gandhi fue así, pues, el más destacado líder en la transformación de la desobediencia civil en algo más que una actitud de desafío individual, al modo de Thoreau, consolidando de hecho su empleo como una estrategia política de masas.



Ya en Sudáfrica, en 1906, Gandhi había puesto en marcha una primera movilización masiva siguiendo la consigna de la no violencia, en respuesta a una
normativa del gobierno de Transvaal que obligaba al registro de todos los indios que se encontraban allí trabajando (unos 150.000). El desafío planteado por Gandhi se extendió durante siete años, hasta 1913, con duras consecuencias para todos los indios que ejercieron la resistencia pacífica, aunque con la consecuencia final de una solución negociada, alternativa al original registro forzoso. En no casual coincidencia, precisamente en ese año, en 1913, miles de mujeres fueron encarceladas en Inglaterra por su lucha a favor del sufragio femenino, mediante el empleo de actos no violentos y huelgas de hambre.


En todo caso, Gandhi desarrolló todo un aparato teórico para fundamentar su práctica de la desobediencia civil, en una evolución de décadas. El neologismo satyagraha define de un modo acabado su estrategia, yendo más allá de la mera resistencia pasiva. Gandhi entendía que había todo un sustento moral, incluso espiritual, en la puesta en marcha de una resistencia como las que comandó en la India, dotando incluso de sentido al sufrimiento y al padecimiento del resistente. A diferencia de la mera resistencia pasiva , que fue el término que Gandhi usó en sus primeras campañas de resistencia en Sudáfrica, la idea de la satyagraha incluye una afirmación, al margen de la citada confrontación con la norma establecida. Una afirmación en la verdad y en el amor, más allá del sentido reactivo y meramente rebelde que cabía anidar en el concepto de resistencia pasiva. 9 Gandhi buscó, sobre todo, distanciarse así de ciertas transformaciones y prácticas de la citada resistencia pasiva, que habían incurrido en acciones con algún tipo de contenido violento, como en el caso de algunos movimientos sufragistas.

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