jueves, 13 de diciembre de 2012

La insurgencia en las redes sociales

Estudiantes exigen la liberación de sus compañeros en Santa Martha. Foto: Eduardo Miranda
Estudiantes exigen la liberación de sus compañeros en Santa Martha.
Foto: Eduardo Miranda
 
MÉXICO, D.F. (apro).- Para explicar el fenómeno reciente del movimiento #YoSoy132 y el que se ha gestado a raíz de la represión a los jóvenes el 1 de diciembre, día de la toma de posesión de Enrique Peña Nieto, representado en el emblema #TodosSomosPresos, es necesario identificar tres afluentes principales.
Estos tres factores son: la crisis política, social y mediática surgida a raíz del fraude electoral del 2006 en los comicios presidenciales; el incremento del poder monopólico y político de Grupo Televisa desde entonces a la fecha; el descontento social de la guerra contra el crimen organizado.
Desde 2009 en las ciudades más pobladas y entre los jóvenes menores a 30 años el uso intensivo de redes sociales y medios de la web 2.0 generó un contrapeso al silenciamiento de los grandes medios institucionales y se convirtieron en un factor deliberativo y de incidencia social muy importantes. Esto constituyó una transición silenciosa en las formas de comunicación, información y de organización de los movimientos sociales.
Los factores del descontento
1. La crisis política, social y mediática del 2006 no se resolvió. Por el contrario, se agudizó. El país se fracturó. El fraude de 2006 ignoró la demanda fundamental del movimiento de las izquierdas, representado por el candidato presidencial Andrés Manuel López Obrador: el recuento de los votos para “limpiar” la elección o, bien, para determinar la anulación.
Felipe Calderón, el candidato de la derecha, ganó con menos de un punto porcentual de ventaja. Su “triunfo” fue de 0.56 puntos, menos de 250 mil votos, en un país con más de 100 millones de habitantes. Los indicios del fraude y de la manipulación electoral fueron múltiples. En México, la cultura de defraudación electoral no se acabó con la alternancia del 2000. Por el contrario, se sofisticó y se expandió hacia prácticamente los tres grandes partidos.
Para legitimarse, Calderón decidió gobernar con dos grandes poderes como soportes: el militar y el mediático. A uno lo sacó de sus cuarteles para combatir el crimen organizado y al otro le dio recursos económicos y políticos infinitos, a cambio de maquillar un consenso informativo que lo respaldara e ignorara la protesta social.
2. No sólo a Televisa le dieron infinitos recursos económicos y políticos, pero esta empresa fue la más beneficiada y emblemática por muchas razones. Televisa no es sólo una empresa de medios de comunicación. Televisa es un aparato de poder, de ideología y de manipulación informativa muy sofisticado y sumamente eficaz durante décadas.
En la era dorada del régimen del PRI, Televisa estuvo subordinada al poder político, específicamente, al poder de la Presidencia de la República y al PRI. Televisa era guadalupana (en sintonía con la devoción a la Virgen de Guadalupe), neoliberal (porque todo es mercancía vendible en su pantalla, incluyendo la información) y priista.
“Somos soldados del presidente”, afirmó Emilio Azcárraga Milmo, el empresario que consolidó el imperio de esta compañía. Ahora, todos los políticos “son soldados de Televisa”, en la era de Emilio Azcárraga Jean.
El PRI perdió en el 2000 la Presidencia, pero mantuvo espacios de poder emblemáticos en la mayoría de los 32 estados del país. El PAN no desmontó ni democratizó los instrumentos de control que permitieron la larga dictadura sexenal del PRI. Por el contrario, los potenció. Les dio mayor poder e impunidad. Ese fue el caso de Televisa y de su falsa competencia, TV Azteca.
En los doce años de gobiernos panistas no se licitó ninguna cadena de televisión nueva, se abandonaron los medios públicos, se menospreció a la prensa y a la radio, la concentración televisiva creció en recursos y privilegios. Televisa y TV Azteca tienen 95% de las frecuencias de televisión abierta, controlan 65% de la televisión restringida, acaparan 70% del mercado publicitario nacional y, por si fuera poco, son capaces de vender y extorsionar a los políticos que pagan millones en dinero público para salir en la pantalla. Si no lo hacen, el poder televisivo amenaza con destruir su carrera política.
El mito del poder televisivo ha sido muy eficaz para los políticos novatos, ambiciosos y muy corruptos, como en el caso de Peña Nieto, el nuevo presidente del país.
Televisa y Peña Nieto firmaron desde 2005 un pacto secreto de promoción política para llevar al entonces gobernador de la entidad más poblada del país hacia la Presidencia de la República.
En el 2009 y, sobre todo, en el 2012, las pruebas de esta complicidad fueron cada vez más evidentes.
3. El tercer factor es la guerra contra el crimen organizado, agudizada durante los últimos seis años. Pensada para legitimar a Calderón, para lograr una eficacia rápida (en 2008 creían que iban a parar este fenómeno), en realidad se convirtió en una pesadilla siniestra y sin fin.
Calderón y su guerra no disminuyó el poder de los cárteles de la droga (al contrario, se multiplicaron: de cuatro a ocho cárteles y hasta el capo más famoso, El Chapo Guzmán, ya aparece en revistas de las elites, como Forbes); la disputa territorial generó una ola de enfrentamientos sanguinarios no sólo entre los integrantes de los cárteles y las policías sino contra la sociedad civil; la corrupción alcanzó a los cuerpos policiacos y militares que iban a “rescatarnos” del narco.
Los primeros movimientos ciudadanos a través de las redes sociales se generaron precisamente para contrarrestar la información oficial, para denunciar la ola sangrienta generada por la batalla contra los cárteles.
Existen tres momentos importantes en este sentido: a) los ciudadanos del noreste del país, especialmente de Monterrey, Ciudad Juárez y Torreón que formaron redes de contrainformación desde el 2009; b) el surgimiento del movimiento Ya Basta de Sangre que acompañó la emergencia de Javier Sicilia en 2010 y las víctimas, c) finalmente, la proliferación de un ciberactivismo que no existía en el país de manera tan eficaz, a raíz de Wikileaks, Anonymous y los movimientos de insurgencia en España y en Estados Unidos desde 2011 a la fecha.
La expansión de las redes sociales
Estos tres factores se entrelazan junto con una tendencia fundamental: desde 2009 a la fecha, el crecimiento de los usuarios de redes sociales ha sido sostenido, importante y en contraparte del poder mediático.
Entre 2010 y 2011, Facebook, la red social más popularizada en México creció en 62%. Llega a más de 30 millones de cuentas en el 2012. En el mismo periodo, Twitter creció a un ritmo de 37%, llegando a tener 3.3 millones de cuentas. Su expansión más vertiginosa fue en 2012. Alcanza más de 7 millones de cuentas. Su interactividad se convirtió en el factor más importante en las elecciones presidenciales.
Youtube, el sitio de videos más popular, se expandió desde 2009 a la fecha. Su crecimiento exponencial ha coincidido con el recrudecimiento de la violencia del crimen organizado, la disputa electoral y la censura de los medios televisivos.
Secuelas del #YoSoy132
Con estos ingredientes, no era difícil pronosticar que un movimiento de protesta e insurgencia social irrumpiera en el escenario mexicano. Esta insurgencia no ha disminuido con la llegada de Peña Nieto al poder.
Desde los sucesos del 1 de diciembre, tanto el movimiento #YoSoy132 como otros colectivos con expresión en el ciberespacio se reactivaron. La indignación generada por las detenciones arbitrarias alentó expresiones como #TodosSomosPresos o #1Dmx en redes sociales.
Una tendencia muy clara se está generando en estos momentos: la confluencia de quienes defienden el derecho pacífico a la manifestación y la libertad de expresión, junto con la denuncia de los abusos policiacos.
El gran aparato de poder –concentrado en avanzar en el Pacto por México alentado desde la Presidencia de la República– ha ignorado esta tendencia. La sociedad civil no.
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