sábado, 15 de septiembre de 2012

Reforma laboral, el primer golpe de Peña y Calderón


Peña y Calderón. Favores de transición. Foto: Eduardo Miranda
Peña y Calderón. Favores de transición.
Foto: Eduardo Miranda
MÉXICO, D.F. (apro).- Desde hace 25 años el sector empresarial ha buscado reformar la Ley Federal del Trabajo, adecuarla a las demandas de la modernidad incluyendo elementos que aumenten “la calidad y productividad”. Pero siempre, los señores del dinero encontraron en los señores del poder una férrea oposición personalizada en el brazo fuerte del PRI, la CTM.
A la vuelta de los años será un cetemista quien hará realidad las pretensiones del sector empresarial, respaldado por su partido, el PRI. Carlos Aceves del Olmo, diputado priista y presidente de la Comisión del Trabajo, será quien entregue el 27 de septiembre al pleno de la Cámara el dictamen que modifique la ley laboral.
Fue en 1987, época en que la Coparmex tenía más fuerza que el Consejo Coordinador Empresarial, cuando se inventó la llamada “nueva cultura laboral”. Su autor, Carlos Abascal Carranza –aquel secretario de Estado del gobierno de Vicente Fox que censuró el libro “Aura”, de Carlos Fuentes por considerarlo inmoral–, resumió ahí los outsoursing, la flexibilidad laboral y transparencia de sindicatos.
Ese año, Abascal, entonces dirigente de la Coparmex, dio a conocer su propuesta de reforma que tenía como eje aumentar “la calidad y la productividad”, y atender así las demandas de la modernidad industrial. Pero Abascal se topó con el viejo líder de la CTM, Fidel Velázquez, hombre de la vieja guardia obrera, el creador del sector obrero del PRI, el más poderoso del partido.
Don Fidel se opuso al considerar que “la nueva cultura laboral” daría al traste con los derechos laborales conseguidos por los trabajadores con muerte y sangre.
Pero la llegada al poder de Ernesto Zedillo lo cambió todo. Por un lado, la crisis económica del error de diciembre de 1994, la pérdida de empleo y casa de muchos mexicanos en 1995; por otro, llegó al PRI en agosto de 1995 Santiago Oñate Laborde y con él el verdadero operador político, el cetemista Juan S. Millán, quien ocupó la cartera de secretario general del PRI.
Inició entonces el diálogo entre el PRI y la CTM. Los artífices de entonces fueron Carlos Abascal Carranza, por la Coparmex, y Juan S. Millán, por el Revolucionario Institucional, quienes se sentaron a la mesa para hablar. Era el gran evento: empresario y obrero discutiendo, proponiendo una mejora para producir mejor sin atentar contra los derechos de los trabajadores.
La Coparmex retiró de la mesa su proyecto y lo cambió por su idea de la “nueva cultura laboral”, pero teniendo como eje no sólo la productividad, sino el respeto y atención a la “dignidad de la persona humana”, revalorando al trabajador para buscar una mejor capacitación que diera frutos con gran productividad.
Don Fidel, un hombre con mucho callo político, aceptó el diálogo y con Juan S. Millán, secretario general del PRI –cuando a la dirigencia no sólo se le rendía culto, sino que se le respetaba–, y además integrante de la CTM, firmó con la Coparmex en 1995 el primer documento titulado “Hacia una nueva cultura laboral”.
Pero todo quedó en papel. Sin embargo, hoy después de 25 años, parece que el sector empresarial y esta clase priista que obedece órdenes de Enrique Peña Nieto, hará realidad el sueño empresarial.
Hace año y medio, gobierno panista y priistas estuvieron a punto de alcanzar las reformas a la ley laboral. La CTM, el CCE, el PAN-gobierno y el PRI, dieron su aval para que transitara la nueva ley, eso fue en abril de 2011, poco antes de concluir el periodo ordinario de la pasada legislatura federal.
Sin embargo la contienda electoral en puerta y las pretensiones de PAN gobierno por golpear, primero a Peña Nieto como gobernador del Estado de México y luego a gobernadores y exgobernadores priistas amenazándolos con dar a conocer los llamados “expedientes negros” que tenía y tiene en su poder la PGR ligándolos con el narcotráfico, hicieron al PRI recular.
Hoy reconocido por autoridades electorales como presidente electo, Enrique Peña Nieto toma de nueva cuenta la palabra al PAN -aún gobierno- y acepta que se apruebe dicha ley como pago de favores a quienes le ayudaron a lograr la gran compra de votos: a los señores del dinero, de los bancos, de las empresas, las industrias y las televisoras.
Una ley que hasta ahora, parece que dará al traste con derechos de trabajadores consagrados en el artículo 123 de la Constitución… se avecinan controversias en los tribunales de parte de algunos sindicatos.
Comentarios mjcervantes@proceso.com.mx

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