martes, 31 de julio de 2012

Iniciar un nuevo ciclo . Alejandro Encinas Rodríguez



El 2 de julio, millones de ciudadanos amanecieron indignados ante la flagrancia de una nueva imposición. No es para menos. Una campaña que se convirtió en emblema de una causa de transformación social y la irrupción de los jóvenes en la arena pública, multiplicaron las expectativas de cambio, las que se toparon con las viejas trapacerías del poder, con los cacicazgos priístas en los Estados, la compra del voto, la manipulación mediática; con el dinero de los poderes fácticos, con actividades ilícitas, y con el pacto de impunidad y alternancia sellado entre los partidos de la derecha.
El escenario presenta un panorama sombrío que puede traer una involución autoritaria en el país y la profundización del saqueo del patrimonio nacional. Con los gobiernos del PAN nuestra transición a la democracia se truncó, con la eventual imposición del PRI se corre el riesgo de que ésta demore aún más.
Sin embargo, hay un dato alentador: de consumarse, esa imposición no va a encontrar súbditos, sino ciudadanos con una creciente conciencia, ante lo cual la izquierda mexicana no puede permitirse un solo día de desaliento, menos aún con los resultados obtenidos pese a la inequidad en la contienda y la omisión cómplice de las autoridades electorales.
La izquierda obtuvo la mayor votación de su historia: 15.8 millones de votos. Este crecimiento no puede explicarse sin la efervescencia juvenil, ya que en tanto el PRI obtuvo el voto de los ciudadanos mayores a 50 años, los menores de 29 años optaron en su mayoría por la izquierda, lo que da cuenta de la emergencia de un nuevo electorado progresista.
Alcanzó, además, éxitos a nivel local, destacando el DF, donde tras 15 años de gobierno los capitalinos refrendaron su apoyo con 63.6% de la votación; los triunfos en las gubernaturas de Morelos y Tabasco; un significativo resultado en Jalisco. Se refrendó la mayoría en Guerrero; ganó la elección presidencial en Oaxaca, Puebla, Quintana Roo y Tlaxcala. En Veracruz e Hidalgo se terció la votación. En Nuevo León y Baja California, obtuvo los mejores resultados de su historia. En el Estado de México —donde se concentró la mayor compra de votos— recuperó municipios como Nezahualcóyotl y Texcoco, y obtuvo 2.3 millones de sufragios, 34.1% de la votación. Salvo Chiapas y Zacatecas, entidades que registran el mayor desaseo, las fuerzas progresistas se fortalecieron en entidades con tradición en la lucha social.
La sociedad mexicana ha cambiado, pero las instituciones permanecen en el pasado. La brecha entre la ciudadanía y las esferas de la política institucional se amplía. La izquierda partidista no es la excepción. Mientras la derecha se articula de manera compacta y se apresta a conservar los privilegios de los grupos de poder que la auspician, la izquierda debe replantear sus estrategias y acciones para acompañar la apertura de nuevos cauces participativos, principalmente para los jóvenes que demandan una renovación tajante del pensamiento y el quehacer político.
La izquierda es un abanico de ideas, intereses y grupos. Es innegable que el actual modelo partidista debe iniciar un nuevo ciclo y que es posible avanzar en crear un frente común de las fuerzas progresistas. Mientras el proceso electoral sigue su curso institucional, la izquierda debe hallar un modelo alternativo de convivencia democrática que permita a la amplia diversidad de expresiones que la conforman habitar bajo un mismo techo y construir consensos que permitan una acción coordinada para hacer frente al desafío del eventual retorno del PRI a la Presidencia.
Se debe consolidar el capital político que emergió de las urnas, superar el pensamiento contestatario y conformar un bloque político con el respaldo popular necesario para asumir la conducción del país. Recordando a Salvador Allende, “no se detienen los procesos sociales, ni con el crimen, ni con la fuerza. La historia es nuestra y la hacen los pueblos”.

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