jueves, 24 de noviembre de 2011

Laura y la putita



El pozo de los deseos reprimidos
Álvaro Cueva

Se volvió loca, Laura Bozzo se volvió loca. Todavía no puedo creer lo que sucedió en su “talk show” la tarde del martes pasado y mire que jamás le pude creer a esta señora.

Es imperdonable, un delito, algo como para que la Secretaría de Gobernación intervenga inmediatamente, un caso que pone en riesgo la credibilidad de los valores de Televisa justo a unos cuantos días del mismísimo Teletón.

¿Pues quién manda ahí? ¿Pues quién tiene control sobre los talentos de El Canal de las Estrellas? ¿Cuál es el mensaje? ¿Cuál es el mensaje hacia dentro? ¿Cuál es el mensaje hacia fuera?

Le cuento: esa tarde, “Laura” comenzó como siempre: mucho ruido, mucha música, aplausos, festejos y Laura Bozzo presentando el programa.

Sólo que en esa ocasión, su discurso fue diferente. Doña Laura inició afirmando que iba a pedir perdón.

Yo, la verdad, dije, “perdón por haber nacido”, “perdón por estar aquí”, “perdón por todo el mal que les he hecho”, ¿perdón por qué?

Y pues no, la “señorita” Laura le pidió perdón al pueblo de Perú.

Sí, como lo está leyendo. A pesar de que el programa está diseñado para atender al pueblo de México, ella le habló a Perú.

¿Por qué? Porque acababa de estar por allá y, según esto, una multitud incalculable de personas que le deben la vida se le echó encima para recordarle que la aman más que a la Virgen María.

Lo curioso no fue eso (que nos habla con bastante claridad de la realidad peruana), sino que toda esa turba de adoradores entre besos, abrazos y bendiciones, le reclamaron que hablara tan mal de Perú cuando estaba en México.

Por eso Laura pidió perdón, porque ahora resulta que Perú es lo máximo y que ella, cuando hablaba mal de ese país, no se refería ni al país ni a su gente sino a lo que ella considera un puñado de “fracasados”.

O sea, ella es el éxito y quien se atreve a criticarla, el fracaso. ¡Preciosa concepción de la realidad! ¡Excelente moraleja para un pueblo como el nuestro!

Obvio, la señora Bozzo no desaprovechó la oportunidad para llamar “imbéciles” a sus enemigos y para, literalmente, apoderarse de la pantalla.

Hasta aquí, ya era como para que la corrieran, pero no, nadie la detuvo, nadie le cortó la señal, nadie le dijo nada por el apuntador. Nada. ¡Tremendo!

El canal más influyente, el más legendario, el más poderoso, el más caro y el más familiar de todo este país, en manos de una terrorista de la comunicación que lo estaba utilizando para efectos personales.

Por si esto no hubiera sido suficiente, doña Laura remató esta primera parte de su mensaje de bienvenida recordándonos que, a pesar de su profundo agradecimiento hasta Perú, ella es mexicana y que éste es su país.

Nomás le faltó gritar “¡Viva, México!”, y a mí, morirme. ¡Pobre México! ¡Pobre país! Con razón nos están asesinando a todos. Con razón estamos como estamos.

Y luego tantos comunicadores sin empleo. Y luego tantos “otros” mexicanos a los que los ejecutivos de las grandes televisoras ni siquiera los quieren recibir.

No, pero espérese, esta historia apenas comienza. Como nadie le puso freno a la “señorita” Laura, ella se creció. ¿Y qué hizo? Se puso a atacar a su propia gente, a su equipo de “investigadores”.

¿Por qué? Porque, según ella, “se va la jefa y hacen cualquier porquería”.

Dicho en otras palabras, sus “gatos” necesitan que su mexicanísima patrona les truene los dedos y los trate con la punta del pie para que hagan algo de “calidad”.

Sin ella, nada es suficiente. Sin ella, todo es una “porquería”. ¡Y lo dijo al aire! ¡Y la Secretaría del Trabajo y Previsión Social no hizo nada! ¡Y el sindicato (SYTATIR), tampoco!

Para que luego se anden parando el cuello afirmando que protegen a los trabajadores. Para que luego se anden parando el cuello diciendo que protegen a su gremio.

¿Y por qué el trabajo de los investigadores de “Laura” era una “porquería”? Porque la “señorita” quería una víctima y en lugar de eso, le consiguieron una “putita”.

Sí, dijo “putita”, dijo “putita” al aire, en televisión abierta nacional, en horario familiar, en El Canal de las Estrellas, en Televisa, la de “¿tienes el valor o te vale?”

Menos mal que doña Laura es mexicana, que conoce los usos y costumbres de nuestro país, y que domina nuestras leyes, de lo contrario, yo estaría ligeramente preocupado porque esto va más allá de una multa. Esto ya es el acabose.

¿Por qué? Primero, por la grosería. Segundo, porque ella está insultando a alguien. Tercero, porque, sin pensarlo, nos ventiló que la dinámica de su patético programa no era la de un “talk show” sino la de una representación de víctimas y victimarios.

Y cuarto, porque si no hay consecuencias, el mensaje para el pueblo de México y para el resto de los comunicadores de este país va a ser atroz.

Nadie le puede decir “putita” a alguien en televisión abierta nacional. Nadie. ¿O me equivoco?

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