sábado, 10 de septiembre de 2011

Y #salinasrajon retó a un debate a AMLO y se rajó

Federico Arreola

@FedericoArreola
2011-09-10

El expresidente Carlos Salinas de Gortari anda muy habladorcito. Le ha puesto bravucón la ventaja del PRI en las encuestas de preferencias electorales presidenciales.



Es el clásico tipo que no se ubica, que pierde el piso ante cualquier buena noticia. Evidentemente, se ha tomado muy en serio el cuento, difundido por la izquierda, de que Salinas es el jefe de jefes del priismo mafioso. Y, por tal motivo, se ilusiona pensando que, dada la ventaja de Enrique Peña Nieto en las sondeos, él volverá a ser el gran capo de la política mexicana.



Se equivoca ya que, si insiste en figurar, en el caso de que Peña Nieto llegara a la Presidencia de la República, para consolidar su poder se vería obligado a darle un fuerte golpe político, similar al que Zedillo ya le dio a Salinas de Gortari, para mantenerlo quieto. Porque el poder no se comparte. Y Peña Nieto, por frívolo que sea, actuará como cualquiera de los que han llegado a Los Pinos: con autoridad y aun con autoritarismo particularmente con los “aliados” que pretendan pasarse de listos, como parece ser el caso de Salinas.



El hecho es que Carlos Salinas, sintiéndose más candidato que Peña Nieto o, tal vez, pensándose verdaderamente jefe del todavía gobernador mexiquense, retó en público a un debate a Andrés Manuel López Obrador, tal vez esperando que El Peje, fiel a su costumbre, lo ignorara. Pero AMLO esta vez hizo lo correcto y, con rapidez, aceptó debatir con el expresidente y hasta le pidió a Salinas intervenir con sus amigos de Televisa, para que el encuentro entre ambos se transmitiera por uno de sus canales nacionales de televisión.



¿Qué hizo Salinas cuando AMLO respondió que sí le interesaba el debate? Pues se rajó. Dijo que siempre no, que bla bla bla y se echó para atrás.



¿Por qué Carlos Salinas de Gortari decidió quedar tan mal? Seguramente porque en el PRI, tal vez hasta lo hizo el propio Peña Nieto, le llamaron la atención. Le deben haber dicho algo así: “Oiga, licenciado Salinas, mucho ayuda el que no estorba. Por favor, bájele de huevitos, no le crea al Peje eso de que es usted el gran jefe. Entienda y no genere problemas”.



Carlos Salinas de Gortari no se rajó por miedo al debate, sino porque le jalaron las orejas, que las tiene suficientemente grandes como para el jalón duela. Lo regañaron los que sí mandan en el PRI y que no están dispuestos a permitir que las fanfarronadas del más desprestigiado político mexicano le provoquen al priismo una crisis electoral que los ponga fuera de combate.



¿Qué habría pasado si se hubiera dado el debate entre López Obrador y Salinas de Gortari? Una clara victoria de AMLO (tiene mejores argumentos y es más hábil y, sobre todo, más honesto que el otro). Y como el Peje, no el PAN, es el enemigo a vencer por el PRI en 2012, la puntada de Carlos Salinas debió haber aterrorizado a los estrategas de Peña Nieto.



En fin, Humberto Moreira hasta suerte tiene. Ya no es el principal lastre del PRI. Este “honor” le corresponde ahora a Carlos Salinas, el arrogante expresidente que no está administrando correctamente su nueva “fuerza”.

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