miércoles, 17 de agosto de 2011

Poiré: Rápido y furioso… y mentiroso hasta la terquedad

Álvaro Cepeda Neri


Como mediocre actorcillo de televisión, Alejandro Poiré (caricatura perversa de Hércules Poirot, célebre personaje con verdadero talento detectivesco), como “vocero” de Calderón, no tuvo que ir hasta Roma para recibir un portazo en las narices. Cada día aparece en la televisión señalando cómo atraparon al Chango y, para torpemente restar homicidios a la no-guerra de su jefe, haciendo creer que se ha reducido la delincuencia. Mira fijamente a las cámaras, con ojos de pistola apuntando a los televidentes, engola la voz cual tenor y suelta su discurso aprendido (con el truco del apuntador, para hacerse el memorista y que maneja datos y números con habilidad), sobre la reducción de “daños colaterales” (los muertos que Calderón subestima como costos, entre los disparos de los “buenos” contra los “malos”) es decir, mexicanos privados de la vida.


El Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) le refregó en la cara que han aumentado los homicidios. No son más de 40 mil los asesinados, desde que Calderón entró al reemplazo de Fox, con calzador por su ilegitimidad que puso en gravísima crisis su toma de posesión en una sesión del Congreso General donde tuvo que entrar por atrás. Con casi cinco años que no ha ejercido la Presidencia, por ineptitud e incapacidad para la política y dedicado a su fallido gobierno sostenido por las bayonetas, los homicidios alcanzan más de 60 mil. Y en las cuentas no oficiales son 100 mil muertos con cargo a los narcotraficantes y a las fuerzas armadas y policíacas de García Luna. A éste, Poiré le arrebató la vocería sobre esos hechos que anunciaba Luis Cárdenas o el señor Pequeño, pues a García Luna no se le entendía lo que decía.

Todo es una mentira. Sobre la entrega de armas a los capos por el gobierno de Obama, supuestamente para rastrearlas y ubicar a los cárteles (a cambio de que éstos pagaran con drogas, programa bautizado como “Rápido y Furioso”), Poiré se ha desgañitado al afirmar que nada supo Calderón, pero se confirmó que sí estaba enterada la Procuraduría General de la República, y ésta depende directamente de Calderón. Sobre la cantidad de homicidios, y que al descabezar a las pandillas de narcotraficantes, la delincuencia se ha reducido, pues más tardan en matar o encarcelar a uno de ellos, que en ser sustituido. Tan no ha bajado la delincuencia que los asesinatos por todo el país han aumentado.

Poiré es un embustero. Un mentiroso rápido y furioso. Y es que se presenta con el ceño fruncido para mostrarse enérgico y enojado en grado de irascible. Y con la rapidez de una metralleta dispara su palabrería, al creer convencer al auditorio (si es que éste no cambia de programa). Rápido y furioso, Poiré, es tercamente falso. El Inegi lo ha expuesto con su información obtenido en las oficinas del Registro Civil y Agencias del Ministerio Público. Sin sumar los miles de muertos que no se registran. Con la aprobación de Calderón, Alejandro Poiré Romero engaña y no sabe contar. Pues se ha dedicado a bajar de peso y la cantidad de homicidios.

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