sábado, 30 de julio de 2011

Fracasó el homenaje al curita perverso.

El homenaje que el estado de Jalisco organizó para el arzobispo de Guadalajara, el cardenal Juan Sandoval Íñiguez, no tuvo el éxito esperado, pues de los 4 mil espacios que se instalaron sobre Plaza Liberación, acaso 500 fueron ocupados.
De acuerdo con un sondeo realizado por MILENIO, el interior del Teatro Degollado, cuyo aforo es de mil 400 personas sentadas, lucía a 85 por ciento de su capacidad al principio y a 95 al final del acto, pues se permitió que pasaran las personas que se encontraban en la plaza.
El homenaje comenzó con el concierto de la Orquesta Filarmónica de Jalisco, y una vez concluido se acomodaron cuatro sillas en el escenario para realizar el reconocimiento, las cuales ocuparon el gobernador de Jalisco, Emilio González Márquez; el secretario de Gobierno, Fernando Guzmán Pérez Peláez; el diputado panista José Antonio de la Torre Bravo, quien representó al Congreso del estado y, el propio Juan Sandoval Íñiguez.
En su mensaje, el gobernador jalisciense destacó la necesidad de dejar atrás los lastres de las ideologías para convertirnos en una sociedad más tolerante, justa y libre. Dijo también que la laicidad no debe ser concebida como un espacio vacío de la identidad religiosa, porque las religiones existen e inciden en la vida de las personas.
El cardenal Juan Sandoval dijo que por carecer de los méritos necesarios, el homenaje era en realidad para la Iglesia católica de Guadalajara que, dijo, ha jugado un papel importante en la ciudad al fundar instituciones como el Hospital Civil de Guadalajara, el Hospicio Cabañas y otras. Además afirmó que, con sus templos, la iglesia ha embellecido la ciudad, al grado de convertirse en uno de sus signos de identidad a través de la Catedral de Guadalajara.
A un costado del Teatro Degollado, manifestantes opositores llegaron desde temprano para quejarse de que el homenaje se pagó con dinero del erario, además de que a su juicio constituía una violación al estado laico. Esto sucedía mientras los católicos enterados comenzaron a ocupar los lugares de adelante. Pocos minutos antes de las siete de la noche, hora en que se anunció que comenzaría el homenaje, apenas unos centenares habían llegado al lugar, que lucía vacío.
El panorama no mejoró conforme pasaban los minutos, pues hacia las ocho de la noche, hora en que comenzaron los discursos, el número de presentes no superaba los 500. Ni siquiera los manifestantes fueron demasiados, pues alrededor de 30 fueron suficientes para que el cardenal no cumpliera con su promesa de no presentarse frente a los asistentes comunes, en Plaza Liberación, para dar su discurso frente a ellos.

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