viernes, 31 de diciembre de 2010

Atacan a la policía en Monterrey: La guerra perdida de Calderón


Federico Arreola
30 de Diciembre, 2010 - 08:29 | 180 comentarios
Envía8 .Estoy en Playa del Carmen, Quintana Roo, de vacaciones. Disfruto a mi nieto en un ambiente agradable, con más o menos buen clima. Andan por aquí dos o tres familias de regiomontanos que conozco. Anoche me buscaron. Querían preguntarme qué sabía de ciertos ataques a cuarteles de policía en Monterrey. Les dije que sabía lo mismo que ellos, es decir, lo que se decía en Twitter que, por desgracia, no eran rumores, sino terribles, trágicas realidades de una ciudad, la segunda o tercera de México, aterrorizada por la guerra. Por la guerra perdida, absurda, sin sentido, de Felipe Calderón.



Mientras Calderón juega al héroe (eso sí, absolutamente protegidos él y su familia por cientos y aun por miles de militares), la gente en mi ciudad, y en muchas otras de México, vive en el miedo, en el terror de saber que, a diario, hay balaceras, que estallan granadas en todos los barrios, que pelean a muerte todos contra todos y que solo un grupo va perdiendo: el de los ciudadanos pacíficos, desarmados, productivos, desprotegidos.



Calderón inició su guerra para ver si de ese modo lograba la legitimidad que las urnas electorales no le dieron. Lanzó a las fuerzas armadas a tontas y a locas a luchar contra un enemigo, el crimen organizado, profundamente arraigado en la sociedad mexicana cuyos sectores más pobres, ante la falta de oportunidades de educación y de empleo, han visto en la delincuencia la única opción para conseguir unos pocos recursos. Calderón no entendió que no es con las armas como se derrotará a mafias que cuentan con apoyo social entre los de abajo porque a los de abajo nadie más los atiende.



Del problema no vamos a salir a balazos. No hay balas suficientes para detener a las mafias que se nutren de la pobreza de millones. La solución, la única que existe, está en el desarrollo, en los programas educativos y de empleo, en los esquemas de ayuda a las madres solteras, a los ancianos, a los inválidos, en proyectos públicos que acerquen a los jóvenes al deporte y al arte, en la construcción de más universidades.



A balazos, que es como Calderón quiere arreglar las cosas, solo vamos a recibir los mexicanos más balazos. Lo estamos viendo, lo estamos viviendo. Las fuerzas armadas a diario matan a jefes del narco, y los reemplazos aparecen, más retadores, mejor armados, más enloquecidos, como por arte de magia.



¿Qué debe hacer Calderón? Replantear su estrategia. ¿Cómo? Eso que lo determinen él y sus asesores, pero partiendo del único diagnóstico posible: todo lo que han hecho hasta el momento ha fracasado.

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