sábado, 3 de julio de 2010

Gritan y celebran nuestros legisladores




Por Ricardo Andrade Jardí

“Es presidente porque sacó más votos”, rebuzna Gómez Mont, en un balbuceante intento de responderle a Beatriz Paredes, la presidenta nacional del auto-reivindicado, sin prueba que lo ampare, “social demócrata” PRI, que, por otro lado, reconoció o así lo entredejó ver, al referirse a que Fecal, que es el producto de un fraude apoyado por el propio PRI. Y que por ellos, los priístas, es ahora “presidente” de un Estado fallido. Fallido porque el mismo PRI reconoce que el sujeto que cobra como presidente es ilegítimo y que está ahí porque al otrora gobernante PRI le vino en gana que así fuera, es decir, “haiga sino como haiga sido”.
La claridad de los hechos demuestra que Fecal es un usurpador, pero no presidente, no al menos como la ley lo marca; en la realidad es el administrador del crimen institucionalizado, amparado por la IMPUNIDAD, de la dictadura de las concesiones en la que vive nuestra bananera república. Ahí radica el asunto de la mayor parte de los males que hoy nos azotan.
La IMPUNIDAD, que el PRI gobierno y la familia revolucionaria, que hoy ya se mezcla entre los institucionalizados (PRI) y los accionistas (del PAN), que han ido entregando a unos cuantos cretinos contrarrevolucionarios (oligarcas y clero), ofendidos por lo que la Revolución les quitó o intentó hacerlo: el latifundio y la religión como política de estado. PRI Y PAN juntos son los que han ido acabando con el pacto social que se originó después de la larga lucha revolucionaria (1906-1921). Lo que dio origen al México moderno, que llegó a ser uno de los países más progresistas, cuando menos en el papel y que pudo haber marcado el rumbo hacia una sociedad más justa y digna.
El México posrevolucionario fue vanguardista en cuanto a educación, salud pública, energía, arte, política exterior, derecho social y garantías individuales, derecho laboral, sindicalismo, ingeniería civil, petrolera y petroquímica…
México fue la sombra de lo que Zapata, los Flores Magón, Villa y Carrillo Puerto, entre otros, soñaron.
Pero volvimos al peor de nuestros males: la IMPUNIDAD.
La impunidad de que los “góber preciosos” puedan seguir desgobernando incluso después de hacerse públicos sus nexos con las redes de pederastas. La impunidad que tolera que los asesinos de los 49 niños calcinados en una guardería pública sean exculpados por una corte a la que ni los custodios respetan. Basten de ejemplo los “pretextos” de los carceleros para no dejar salir, 20 horas después de emitida la orden, a Ignacio del Valle, injustamente encarcelado, junto a otros 12 ejidatarios, por defender su derecho a la tierra. Mientras, Roberto Hernández y los presuntos lavanderos del narcotráfico se mueven en libertad y con absoluta protección desde el gobierno. IMPUNIDAD para convertir en pública la deuda privada de la pandilla de ladrones banqueros que saquearon el país; IMPUNIDAD para desaparecer una empresa pública como Luz y Fuerza, dejando sin empleo a 40 mil trabajadores, con la finalidad de regalarle la fibra óptica a Televisa, sin duda la empresa con concesión pública que más utilidades genera y menos impuestos paga. La empresa que fue la cabeza e infraestructura del fraude electoral que impuso a Fecal en la “presidencia”. Lo que ya nos ha costado oficialmente 25 mil muertos y un deterioro social que deja al progresista México de mediados del siglo XX, muy por debajo del México de la dictadura porfirista de mediados del siglo XIX.
¡Viva Chabelo! gritan y celebran nuestros legisladores apurados por hacer una “ley de acceso a la cultura” que terminará por ser una mera “ley de turismo cultural”, donde las piedras tendrán más derechos, pues serán más importantes que las comunidades mismas. ¡Viva Chabelo! gritan y celebran los legisladores de hoy que no atinan a darse cuenta del daño que le hacen al país (o tal vez sí y no les importa, mientras puedan llenar sus bolsillos con las limosnas que la telecracia les ofrece) ¡Viva Chabelo! que como parte de la contrarrevolución ha contribuido a la destrucción de los ideales que provocaron, no sólo a la insurgencia de 1910, sino los anhelos, hoy casi perdidos, que dieron origen a la gesta de Independencia... ¡Viva nuestra clase política y su revolucionaría familia! que en 30 años han logrado llevar a México al oscurantismo religioso y a la dictadura de las concesiones, hay que reconocer su modernidad, con la que nostálgicamente sueñan los oligarcas del siglo XIX, que hoy desgobiernan nuestra maltrecha y bananera república.
Ojalá y nuestro Despertar Ciudadano no sea ya muy tarde y al abrir los ojos descubramos que nuestro largo sueño pambolero ha hecho de la pesadilla... una realidad eterna.

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