viernes, 30 de julio de 2010

Astillero

Astillero
Asuntos privados
Acallan a Coronel
¿Caso Diego?
Sin rechiflas
Julio Hernández López


Días después de la peculiar reactivación del caso Diego fue asesinado el jefe occidental del cártel de Sinaloa, cuya suerte se había asociado de manera especulativa a la del panista queretano en función de que este político había sido secuestrado la misma noche del día en que por la mañana se había desarrollado en Jalisco una aparatosa operación de marinos que en un principio se dijo había significado la aprehensión de Ignacio Coronel (el secretario general de Gobierno de esa entidad, Fernando Guzmán, así lo dijo en las primeras horas, aunque luego remitió a los reporteros a las fuentes militares y jamás hubo precisiones oficiales sobre el tema, casi convertido en tabú).
La aparatosa acometida militar se produjo al tiempo en que Felipe Calderón se encaminaba a la capital tapatía para cumplir una breve gira de trabajo –seguida por dos helicópteros y tres camionetas con ametralladoras, según reporte de El Informador– cuyo punto culminante sería la nocturna inauguración en privado del estadio Omnilife, que públicamente será puesto en servicio hoy con un juego internacional de futbol en el que ya no habrá oportunidad de lanzar rechiflas con sentido político, como había sucedido meses atrás en la apertura del nuevo inmueble deportivo del Santos de Torreón, la ciudad coahuilense ahora tan castigada, entre otras cosas, por el revanchista abandono policiaco federal.
La muerte de Coronel fue presentada en una conferencia de prensa del gobierno militar como una prueba de que se combate por igual a todos los grupos de delincuencia “organizada”, pues hasta ahora se ha dado por cierto que el acribillado gerente occidental ha formado parte de la dirección colegiada del cártel de Sinaloa, cuyo líder es Joaquín Guzmán, alias El Chapo. Otras versiones aseguran que Coronel se había distanciado del jefe máximo y que en razón de esa controversia ayer se actuó con sentido de depuración, sin que se alteraran los entendimientos básicos entre las líneas de mando de la política y el cártel más protegido, pues en lugar de enojo habría agradecimiento (servicios parecidos a los de Cuernavaca, donde Arturo Beltrán Leyva fue asesinado a causa de sus violentas diferencias con la matriz grupal).
Dado que el incremento de la violencia viene resultando proporcionalmente directo a la importancia de los jefes acosados, detenidos o ejecutados, es de suponerse que el golpe a Ignacio Coronel provocará estremecimientos, sobre todo en el área conurbada de Guadalajara, que durante largos años ha sido una especie de refugio acordado entre cárteles para que sus familias puedan vivir sin riesgo y donde el citado Coronel mantenía un firme control regional que comenzó a sufrir embates de parte de zetas y otros cárteles días después de aquella mañana del 14 de mayo pasado, cuando marinos (a diferencia de lo sucedido ayer, en que sólo fueron soldados, sin miembros de la Armada ni policías de ningún rango) participaron en una operación hasta ahora no explicada ni justificada.
La tarde de ese día, el secretario general del gobierno jalisciense, Fernando Guzmán Pérez Peláez, dijo a reporteros: “Serán las autoridades federales las que ofrezcan información sobre el operativo realizado ayer en el que se pudo detener al narcotraficante Ignacio Coronel Villarreal, alias Nacho Coronel (...) Lo que se dijo es que había unos operativos y que en estos operativos había la posibilidad de esa detención y estamos a la espera de la información oficial al respecto. No son estos casos para dar a conocer anticipadamente información o especular, hubo operativos importantes, hubo acciones y hay detenciones, se informará oficial y formalmente por las autoridades federales que han actuado en estos casos”. Nunca hubo más información oficial ni formal, y desde entonces corrió con fuerza la versión de que la acción matutina contra Nacho Coronel habría dado pie al secuestro nocturno de Diego Fernández de Cevallos Ramos.
Lo sucedido ayer en la zona conurbada de Guadalajara tendrá efectos en la acelerada y violentísima recomposición del negocio de la droga en el país y habrá de verse si también impacta en el desenlace del difícil episodio del secuestro del ex candidato presidencial panista. Calderón parece perdido en un laberinto de imprecisiones propias y manipulaciones externas que le han llevado a jugar con fuego en todo el país y a causar destrozos criminales por doquier. El colmo de su temperamento irascible sería que en la “guerra” que desató sin estrategia ni capacidad acabe peleándose incluso con aquellos grupos del narcotráfico a los que habría protegido aplicadamente, como lo ha denunciado un panista de prosapia, como es Manuel Clouthier junior, quien ha dicho que el cártel de Sinaloa, es decir, El Chapo, ha sido intocable. Cíclicamente se producen, en el escenario de simulaciones acordadas en que se mueve el tema del narco, detenciones de piezas menores que son sacrificadas para aparentar ante los presuntos fiscales externos, en este caso Estados Unidos, que se persigue a los verdaderos jefes y que a partir de esas aprehensiones se pueden montar campañas propagandísticas varias. El tiempo dirá, en breve, si el operativo militar de ayer es un golpe verdadero al cártel de Sinaloa, y por tanto el país estaría en una guerra absoluta, ya sin grupos protegidos y otros perseguidos, y si el episodio de ayer tiene relación con el secuestro del Jefe Diego, recién reinstalado por artes gubernamentales en el foro mediático.
Y, mientras liberan a periodistas tomados como rehenes en la comarca lagunera para presionar a empresas mediáticas a difundir mensajes de narcos, y en tanto Marcelo Ebrard pronuncia palabras (“no se la van a acabar”) similares a las de aquel Gómez Mont que decía estar esperando los ataques de los narcotraficantes, ¡feliz fin de semana, con manifestantes “hispanos” sosteniendo protestas en EU por la ley Arizona, que sólo ha sido suspendida en partes controversiales!

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