viernes, 19 de marzo de 2010

Astillero


Guiñol laboral
Iniciativa vergonzante
Reformismo fallido
SME y Cananea
Julio Hernández López


El felipismo ha vuelto a colarse por la puerta trasera de San Lázaro, ahora pretendiendo adjudicar a una autoría de diputados panistas la iniciativa de reformas laborales que fue elaborada por el secretario del trabajo patronal, Javier Lozano, cuyos altos índices deficitarios en materia de protección de derechos de los trabajadores habrían hecho de entrada, en caso de haber presentado a su nombre tales propuestas, poco viable esa promoción con aroma de gran servicio al capital.

El descuadrado espectáculo de guiñol ofrecido ayer en la Cámara de Diputados es solamente una parte del conjunto de sugerentes equívocos que el calderonismo ordenó cometer ayer en el contexto del reformismo de palabra que viene impulsando, a sabiendas de que las condiciones políticas no le darán vía libre a esas propuestas hechas más bien para aparentar que el precarista de Los Pinos genera iniciativas, aunque los malos de la película no se las aprueben o acaben suscribiendo otro tipo de reglas y términos. El lema del activismo felipista predestinado a lo fallido es: promueve iniciativas, aunque nada quede. Así fue que aparecieron 419 artículos en busca de ser aprobados por legisladores que nada sabían del origen real de ese lance apechugado por el PAN pero enviado desde las oficinas de Lozano y Calderón. Espiritismo legislativo que de inmediato generó la reacción del PRI dominante que mandó citar al secretario Cocú (Coopelas o Cuello) para que explique esos enredos.

Los ánimos transformadores del pianista neopanista Lozano tienen, además, los antecedentes de las persecuciones fascistoides que desde la cúpula calderónica se han desatado contra los trabajadores de Luz y Fuerza del Centro y de la industria minera nacional, en especial en el caso de Cananea. En ambos casos ha sido evidente el uso faccioso de los recursos públicos para favorecer proyectos privados a costa de derechos constitucionales y legalidad laboral. También es notable en esos casos ejemplares la creciente impaciencia de las autoridades administrativas por empujar a los resistentes hacia el callejón de la violencia, cerrando ostentosamente los caminos legales y provocando diariamente a quienes luchan por sus derechos, con la intención de que den motivos para la represión abierta que serviría para aplastar esos movimientos de defensa.

Ayer mismo, policías federales desalojaron los piquetes de huelga simbólica que había montado el Sindicato Mexicano de Electricistas afuera de sus antiguos centros de trabajo y detuvieron a electricistas en protesta (el incidente más grave, en la subestación Cerro Gordo, de Ecatepec, donde fue herido de gravedad Alejandro López Pérez). Además, se conocieron denuncias de que esos agentes ingresaron sin permiso judicial a domicilios para tratar de detener a quienes tenían en la mira carcelaria. En Cananea continúa la tensión social a cargo de pobladores decididos a defender la mina que ha sido su fuente histórica de trabajo, y fuerzas policiacas federales empeñadas en someter a los inconformes aun a riesgo de que corra la sangre. Otra medalla sombría en el pecho militarizado del secretario Lozano proviene de sus andanzas defensoras del Grupo México en el tristísimo caso de Pasta de Conchos.
La colocación de las leyes laborales sobre la mesa de tres patas del reformismo sin poder del calderonismo sucede cuando hay voces que consideran necesario el mejoramiento de esa normatividad que, entre otras cosas, alarga, entrampa y encarece procesalmente el desahogo de los litigios entre capital y trabajo. Indispensable parece actualizar esas reglas para darles fluidez y eficacia, pero también para frenar las múltiples violaciones que por acuerdo de las cúpulas políticas y económicas se cometen a lo largo del país, entre ellas, para no ir tan lejos, la explotación abierta de niños y ancianos en tiendas de autoservicio donde trabajan como empacadores en cajas sin recibir sueldo ni prestaciones (no sólo en Wal-Mart, aunque este ejemplo puede ser el más conocido) y las varias triquiñuelas legalistas que permiten a patrones eludir compromisos mediante contratos tramposos.

El impulsor central de las nuevas ideas patronales en materia de trabajo, Felipe Calderón, tuvo ayer oportunidad de demostrar política y gráficamente que lo de menos son las leyes, cuando lo que rige es el contubernio entre poderes. Reunido con sindicalizados petroleros, encabezados por el emblema de corrupción e ilegalidad que es el dirigente Carlos Romero Deschamps, el panista michoacano defendió apasionadamente la propiedad popular de Pemex, exigió con insistencia sospechosa que la construcción de una nueva refinería no consuma más recursos de los programados, y demostró que leyes y buenos deseos sucumben al pragmatismo político, por antitéticas que parezcan las posiciones originales de los aliados de oportunidad.

Astillas

Luego de decidir el envío de un equipo de rudos preceptores que el próximo martes le leerán la cartilla, Obama ha dado un mes al alumno Felipillo para que a Washington le lleve la tarea bien hecha. Mientras tanto, ha saltado oportunamente al escenario una nueva zanahoria de regularización de indocumentados... Muchas historias narradas en Twitter son diariamente confirmadas, aunque en principio pretendieron ser descalificadas al adjudicarlas a ánimos sensacionalistas de quienes hablaban, por ejemplo, de cómo eran bajados de sus vehículos para que narcotraficantes los usaran como barricadas. Ayer eso y más se vivió en Monterrey y Reynosa... Y, mientras la Generación del Sí Señor Presidente vuelve a las andadas, con algunas firmas más de apoyo, en busca de abrir paso a reformas felipistas usando como chivo expiatorio un No, ¡hasta el próximo lunes, en esta columna que apunta el secuestro del hijo de Pablo Cuarón, quien acaba de ser precandidato panista a la gubernatura de Chihuahua (contrario a la línea de Calderón), como un punto destacado en la estrategia de inhibir lo político, electoral y opositor mediante el uso de las fuerzas del narcotráfico!

Fax: 5605-2099 • juliohdz@jornada.com.mx

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