domingo, 28 de diciembre de 2008

Los panistas, puros nazis prietos : "Zabludovsky tiene razón "

Aningún político o persona se le puede descalificar por sus inclinaciones ideológicas de juventud. Viene al caso por un correo recibido hace tiempo en el que su remitente me señalaba la afición del ahora dirigente del PAN, Germán Martínez, a lo que había sido la Alemania nazi: sus personajes, ideas y símbolos. Afirmaciones no probadas, aunque sí probables por el sentido de la colaboración del dirigente del PAN en El Universal, el pasado 16 de diciembre. El texto llevó a Jacobo Zabludovsky, el 22 de diciembre en su columna “Bucareli”, del mismo diario, a destacar el antisemitismo de las ideas expuestas.
La seriedad del señalamiento por el decano periodista y legendario reportero obligaba al dirigente a alguna aclaración y, más que ello, a una disculpa pública. Su colaboración del 23 nada dice al respecto, quizá porque fue enviada a la redacción con anterioridad a la nota de Jacobo. De cualquier manera, la situación amerita respuesta, la que no se ha ofrecido, omisión que compromete no sólo a la persona, sino a su jefe político y a la organización política que dirige.

Al igual que muchas personas, los tres grandes partidos tienen sus pecados de origen por su relación con los totalitarismos de su época. El PNR, antecedente del PRI, fue inspirado por el partido fascista italiano; historiadores serios relatan que al general Elías Calles le vino la idea de un partido de Estado —imposible en una democracia—, en un viaje a la Italia de Mussolini. Aunque el PRD es de factura reciente, su afluente comunista abrevó fuertemente del stalinismo; para muchos en el perredismo, Fidel Castro ha sido y es figura ejemplar.

La crónica de Enrique Krauze sobre la historia del PAN remite a la influencia del falangismo en la época de Franco; el escritor y diplomático Hugo Gutiérrez Vega, ex dirigente juvenil del PAN, se ha referido a la seducción totalitaria en los momentos tempranos del PAN, una forma de fascismo criollo por la simpatía por las naciones del Eje durante la Segunda Guerra Mundial, ideas ajenas al ideario liberal y democrático de Gómez Morín, el que para bien del proyecto panista, acabaría por imponerse. Aun así, el PAN o, más bien, ciertas corrientes de este partido, han sido asociadas con la extrema derecha.

En realidad no hay actitudes radicales en el dirigente nacional del PAN. Su postura es similar a la de los líderes del PRI, por su persistente adulación al Presidente. Su retórica encendida no prende ni convoca, aunque adquiere consistencia por su persistente confrontación y grotesco repudio a López Obrador. En la cumbre ha sido un político de frases fuertes, ideas débiles y un inexistente trabajo político con las bases. En el PAN el rechazo hacia él crece conforme se suman las derrotas electorales. Su ausencia política en el territorio es motivo de recurrente recriminación; sus omisiones lo han hecho un involuntario y eficaz promotor de Manuel Espino y del ex presidente Vicente Fox. Sus expresiones majaderas hacia Santiago Creel, ahora se le vuelven en contra.

El contraste de Germán con los dirigentes del PRI, Beatriz Paredes, y del PRD, Jesús Ortega, es evidente. Ambos políticos de tiempo completo, de consistente e incansable trabajo en la base. Su relación con los gobiernos estatales afines es aceptable, asimismo, se les acredita capacidad de negociación dentro y fuera de su partido. Germán, de quien se esperaba mucho más, ha tenido un desempeño desastroso, como lo revela su pésima relación con su antecesor Manuel Espino, con Santiago Creel —groseramente defenestrado de la coordinación del Senado— y con Josefina Vázquez Mota, los tres panistas más connotados. En días pasados el prestigiado espacio “Bajo Reserva” del diario El Universal, lo daba por desahuciado.

Las nuevas dificultades de Germán Martínez no son un simple desliz. Su opinable antisemitismo es veneno en tiempos electorales, a lo que se suman las dificultades del gobierno en el frente económico y en el de la inseguridad. En este contexto, se le han dado facultades extraordinarias para la selección de candidatos; para ello con regularidad recurre a estudios de opinión para adelantar o anular candidatos. El problema es que al encuestador del PAN pocos le creen, sus malquerientes aluden a que fue él mismo quien dijo a Fox que ganaría la mayoría absoluta hace seis años. En una práctica semejante a la del PRI de antaño, Germán pretende reinstaurar el dedazo demoscópico.

Jacobo tiene razón al recriminar a Germán Martínez su antisemitismo. Un rumor no lo merece, sí una colaboración periodística, la que, efectivamente, es injuriosa contra los judíos. La lucha contra el racismo hay que darla en cada espacio, sin concesiones, particularmente si quien la suscribe es uno de los favoritos del poder presidencial.

El dirigente del PAN, por salud de su propio partido y la causa que formalmente representa, debe precisar el sentido de sus expresiones escritas y, sin ambigüedad alguna, repudiar toda forma de discriminación.

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