domingo, 11 de agosto de 2013

La hora de la verdad... para nosotros también. José Agustín Ortiz Pinchetti



P
romover la reforma energética como una maravilla y no decirnos en qué consiste es intentar engañarnos. Ver a la población como una masa de tontos a la que puede hacerse trampa. Confiar en que las familias mexicanas que ven la tv 35 horas a la semana estén lo suficientemente hipnotizadas para aplaudir cualquier propuesta del gobierno, por más ignominiosa que sea. En las próximas semanas estarán a prueba Peña y su equipo, los partidos, los grupos de interés, la identidad de la izquierda, pero también la capacidad de respuesta de la población. La hora de la verdad también ha llegado para nosotros.
Sería de esperarse que la gente demandara explicaciones, por ejemplo:uno: ¿por qué no paran el saqueo de Pemex que hacen funcionarios, líderes sindicales y empresarios nacionales y extranjeros? Para ellos la privatización ya empezó. Dos: ¿por qué no liberan a Pemex de la brutal carga impositiva que le quita 70 por ciento de utilidades?Tres: ¿cómo van a compensar la pérdida de 40 por ciento del presupuesto que aporta? La gente debería reclamar explicaciones, un debate serio y una consulta. Si el gobierno está tan seguro del apoyo popular, se podría ahorrar miles de millones en propaganda para una reforma que no se atreve a explicar: bastaría un referéndum. La población parece atrapada en la perplejidad. A eso ayudan el disimulo, la tibieza, la franca alianza de intelectuales y de políticos expatriotas. Brillan por su ausencia los defensores del derecho a la información. ¿Dónde están los abajo firmantes? Como diría Manrique: ¿Qué se fisieron? ¿Qué fue de tanto galán? ¿Qué fue de tanta invención como trujeron?
Hasta hoy la resistencia tiene un solo eje: AMLO y su movimiento. En los cálculos del gobierno y de sus aliados, es su único obstáculo. Al único que no pueden atemorizar ni comprar. Pero quien debe resistir, oponerse o simplemente pedir explicaciones es la gente común. Aquella que ha soportado 30 años de reducción de sus niveles de vida. La que ha visto cómo los dogmas neoliberales y las privatizaciones, manchadas de corrupción, han empeorado la vida de México. Todos nosotros, que en carne viva nos damos cuenta de que el proyecto de Peña es más de lo mismo y que no hay un solo campo en la vida de México que no vaya mal, quienes debemos de responder a la provocación. No podemos limitarnos a contemplar los acontecimientos. Si lo hacemos, demostramos que no estamos maduros para que se tome en cuenta nuestra opinión. Así no sólo es el gobierno, sino nosotros quienes estamos a prueba. Debemos demostrar que somos ciudadanos y no súbditos, y que aquello de callar y obedecer es un hueso para otro perro.
Nota a mis lectores: descansarán de esta columna el domingo 18. Nos encontraremos en el mismo periódico y con la misma gente el domingo 25.
Twitter: @ortizpinchetti

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