lunes, 4 de febrero de 2013

Pemex, reforma energética y explosión

 Por: Sanjuana Martínez - febrero 4 de 2013 - 0:00 COLUMNAS, Daños colaterales - 

 ¿Bombazo, accidente o autoatentado?… Son las hipótesis que siguen en la opinión pública mientras el gobierno continúa con su política de ocultamiento y falta de transparencia en materia de información. El martirologio petrolero aumenta, mientras rumores y especulación crecen en torno a la tragedia del edificio B2 de Pemex, una tragedia anunciada y fomentada por la falta de medidas de seguridad y mantenimiento del extenso complejo administrativo de la paraestatal. “El incidente”, como al principio lo llamó Enrique Peña Nieto, está envuelto de más preguntas y dudas, que certezas. ¿Cuántos desaparecidos hay? ¿Por qué han prohibido a los trabajadores de Pemex hablar de las razones del siniestro? ¿Cuáles son las líneas de investigación en las que trabajan después de cinco días de labores? Mientras decenas de familias sufren por la pérdida o desaparición de sus seres queridos en la Torre de Petróleos Mexicanos, el señor Peña Nieto decidió tomarse unas vacaciones con su numerosa familia en Punta Mita, Nayarit, luego de decretar Luto Nacional. Lo peor no fue que se ausentara para hospedarse en el lujoso hotel St. Regis, sino que, ante las críticas, volviera de su asueto sólo para hacerse una foto en el lugar de la tragedia y luego volver nuevamente a la playa. 

La tranquilidad y falta de reacción inmediata del nuevo inquilino de Los Pinos, contrasta con la gravedad de los sucesos en Pemex y en otros lugares de la República, como el motín de las Islas Marías o el ejecutometro generado por la narcoviolencia que no cesa y ha avanzado rápidamente durante los dos primeros meses de su gestión: 1,524 personas fueron asesinadas. La indolencia y falta de sensibilidad de Peña Nieto se ha dejado sentir desde el principio de la explosión en Torre Pemex. Primero, porque suspendió el primer día su visita a los heridos internados en distintos hospitales. Y luego porque no ha tenido el valor de dar la cara a los mexicanos para exponer una explicación coherente de lo que sucedió. Los testimonios que hablan de una bomba crecen en las redes sociales. 

También la posibilidad de un autoatentado, bajo el argumento de visibilizar a Pemex como una paraestatal vulnerable y en mal estado que requiere un proceso de privatización urgente, un objetivo nada oculto del nuevo gobierno priísta. La falta de información fidedigna, clara y expedita del gobierno, genera todo tipo de leyendas de ficción y no ficción. Lo que está claro, es que la explosión fue en el sótano de las oficinas centrales de Pemex, justo donde estaban los archivos, que contienen auditorías de órganos internos de control. ¿Fue para destruir estos y otros archivos comprometedores? ¿Es el nitrato de amonio el elemento de la potente explosión, lo que nos oculta el Estado? Más allá de las teorías de la conspiración que circulan, debido a la falta de transparencia informativa del gobierno, habría que dejar de lado los distractores y centrarnos en la próxima Reforma Energética que el gobierno peñanietista pretende hacer. Ya lo dijo el senador David Penchyna, presidente de la Comisión de Energía del Senado: “Lo que pasó en el edificio administrativo de Pemex no tiene por qué ser vinculado con la reforma energética, son dos eventos diferentes. La necesidad de una reforma estructural al sector energético no puede variar ni depender de eventos fortuitos”. El PRI en el poder con sus aliados no han dejado claro si lo que pretenden es apertura o privatización de Pemex, pero los mexicanos podemos imaginar que el gran botín negro de la riqueza nacional sea un dulce anhelo para llenar los bolsillos de unos cuantos y empobrecer más al pueblo. El secretario de Hacienda, Fernando Aportela, nos ha dejado claro que el gobierno peñanietista tiene prisa por realizar su reforma: “No hay razón por la cual esperar. Al final del día lo que se quiere es tener un nivel de desarrollo más amplio y es mejor empezarlo; ya hay un calendario”. Y aunque el Ejecutivo ha insistido que no hay intención de “privatizar” Pemex, todo indica que la explicación no pedida es justamente la “acusación manifiesta” que nos anuncia el futuro incierto de Pemex. La “gran transformación” de México incluye por tanto la venta de Pemex: “Por qué seguir anclados a los dogmas, a este debate anacrónico, obsoleto, cuando otros países como Brasil, como Colombia, como Cuba, han hecho reformas precisamente para volverse más productivos”, dijo el señor Peña, mientras los familiares velaban a los fallecidos de la explosión. La reforma peñanietista incluye la exploración y producción de hidrocarburos y la explotación de gas seco o no convencional; y la asociación privada en procesos de la industria petrolera. El PRD en el Senado de la República ya tiene el borrador de la iniciativa en materia energética que Cuauhtémoc Cárdenas coordinó. Entre otras cosas, proponen que la Secretaría de Hacienda no controle las adecuaciones presupuestales de Pemex y sus organismos subsidiarios y que el Consejo de Administración de Pemex avale dichas adecuaciones. Ya veremos en qué termina. Los ciudadanos somos convidados sin voz ni voto a este paso trascendental de transformación del sistema económico y político nacional. Y no existen casualidades. La explosión de la Torre Pemex es una señal de alerta que proporciona en lenguaje cifrado muchas de las claves en torno al futuro de Pemex. El señor Peña nos deja claro que 35 muertos y decenas de lesionados, son lamentablemente los daños colaterales de las ambiciones gobiernistas del PRI y sus aliados, en torno al oro negro.

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