lunes, 5 de marzo de 2012

Candidatos del narco. Sanjuana Martínez


Por: Sanjuana Martínez - marzo 5 de 2012 - 0:03
COLUMNAS, Daños colaterales - Sin comentarios

¿Cuántos candidatos del narco habrá en las próximas elecciones? ¿Cuántos alcaldes, gobernadores, senadores, diputados, regidores? ¿A cuántos candidatos asesinará el narco para colocar a los suyos?… ¿Llegará el narco a tener un candidato a la Presidencia?

Nuestros próximos comicios se presentan complejos. Felipe Calderón ha decidido que sean elecciones bajo guerra. No sabemos si en algunas regiones del país, será necesario llevar casco y chaleco antibalas para votar, pero está claro que difícilmente habrá elecciones sin interferencia de los dos bandos en combate: el Estado y el crimen organizado.

La Organización de Estados Americanos (OEA) lo acaba de advertir: el narcotráfico “no sólo amenaza, sino incluso impone y asesina a candidatos en los procesos electorales. La participación de estas bandas criminales en procesos electorales, amenazando o asesinando candidatos, e incluso imponiendo a sus propios candidatos, es un ejemplo más del riesgo que impone la delincuencia organizada sobre la preservación de nuestras instituciones democráticas”, alertó Adam Blackwell, secretario de Seguridad Multidimensional.

México sufre ese fenómeno en los últimos años, la delincuencia nos ha demostrado que puede liquidar políticos a su antojo. Durante el sexenio, han asesinado a 28 alcaldes y la suma de candidatos, diputados o jefes policíacos, asciende a 174. Los crímenes tienen el objetivo claro de eliminar adversarios para colocar cómplices o auténticos títeres.

Entre los políticos asesinados está el priísta Rodolfo Torre Cantú, candidato a la gubernatura de Tamaulipas, un crimen ocurrido el 28 de junio de 2010 aún sin resolver. Paradójicamente su sustituto no fue alguien ajeno, sino su hermano. En un estado fallido como Tamaulipas lo único que funciona de manera organizada es el crimen organizado.

En el 2009 fue asesinado Armando Chavarría, diputado local de Guerrero y candidato a la gubernatura de ese estado. Ese mismo año también fue asesinado Gustavo Bucio Rodríguez, candidato a diputado federal suplente por el Partido de la Revolución Democrática. En el 2010 fue asesinado José Mario Guajardo, candidato a la alcaldía de Valle Hermoso, Tamaulipas; también Romero Núñez Montiel candidato a la alcaldía de Jololalpan, Puebla y a Gonzalo Amador Ortega, candidato a la alcaldía de Huauchinango, Puebla.

La incidencia del crimen organizado en las elecciones es una realidad. Bien lo sabe el propio Calderón quien acaba de reconocer que los criminales no sólo buscan “enquistarse” en la sociedad a través del control de los cuerpos policiacos o dependencias del gobierno, sino también incidir en las elecciones.

Y aunque los gobiernos federal y estatales firmen uno o diez convenios para garantizar la seguridad en los comicios electorales, eso no proporciona un blindaje a los ciudadanos, ni mucho menos asegura condiciones óptimas para votar en toda la República. Ya lo reconoció Leonardo Valdez, presidente del IFE, que hay zonas del país cuyas condiciones de inseguridad podrían “inhibir” el proceso electoral. Lo que no se explica es por qué el IFE luego anunció que pedirá a la OEA que defina como el crimen organizado podría imponer candidatos. Es obvio que la manera más común es a través del famoso binomio: ¿plata o plomo?

La penetración del narcotráfico en las elecciones no es nueva, pero Valdez ha resultado ser un experto simulador. Ignorar el problema o intentar ocultarlo no ayudará a que desaparezca. Hay que tomar las prevenciones necesarias para contrarrestar la fuerza bruta del narco en las urnas; en lugar de utilizar la demagogia para defender la democracia.

Tampoco es nada nuevo que el dinero del narco “nutre” las campañas electorales. Es otra forma de incidir. En Nuevo León, lo acaban de recordar en una manta difundida gracias a que no todos los medios firmaron el pacto de censura de Iniciativa México: “Nuevo León es territorio de los Zetas. Y el poder lo demostramos con hechos y aunque no les guste Rodrigo Medina me obedece porque lo apoyamos para que llegara a la gobernatura (sic). O qué pensaban, que los 20 millones de dólares que entregó el Lic. Manuel Quiñones (a) Lic. Many cuñado o concuño de Aldo Fasci Zuazua para la campaña de Medina era gratis?.. O todo lo que pagamos para los gastos de Rodrigo a través de Agustín Serna de la CROC no lo íbamos a cobrar?”.

Seguramente Rodrigo Medina no es el único gobernador acusado de recibir dinero del narco. Habrá muchos más. La impunidad del poder político en México ha permitido que los niveles de penetración del narco lleguen a lugares insospechados.

Lo cierto es que el narco está logrando inhibir las candidaturas. En Nuevo León el Partido de la Revolución Democrática acaba de anunciar que sólo ha conseguido colocar 25 de las 51 candidaturas a puestos de elección popular debido al miedo. No quieren correr el riesgo de perder la vida. A la vista del martirologio político, el Estado ha demostrado ser incapaz de garantizarles su seguridad.

Es más fácil para los que pactan llegar a contender, algunos incluso lo han utilizado como una forma de ganar votos. Recordemos el caso de Mauricio Fernández, alcalde del próspero municipio de San Pedro Garza García y su supuesto pacto con los Beltrán Leyva durante la campaña para “blindar” el municipio considerado actualmente como el más seguro de México. O bien , las declaraciones de Sócrates Rizzo con respecto a los pactos del PRI mientras gobernó, para establecer acuerdos de rutas por las que cada cártel podía traficar en el país.

No será fácil emitir un voto bajo el ruido de las cuernos de chivo, las amenazas y las extorsiones. ¿Quiénes serán los candidatos que quedaran fuera de los pactos con el narco? ¿O los electores preferirán los pactos? Ya lo veremos.

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