domingo, 9 de octubre de 2011

El cinismo de los diputados


Ramírez Acuña y la bancada del PAN. Foto: Miguel Dimayuga
Ramírez Acuña y la bancada del PAN
 Jesusa Cervantes
Análisis

El cinismo, la falsedad y la revancha como estrategia. Eso fue tan sólo una parte de lo que se vivió en la Cámara de Diputados la tarde del jueves pasado durante la discusión para elegir a los tres nuevos consejeros electorales. Desde la cabeza hasta los diputados.

En primer lugar, el presidente de la Junta de Coordinación Política, el perredista Armando Ríos Piter, fue rebasado por el PRI que sí hizo su tarea; buscó las debilidades y fortalezas del PT y Movimiento Ciudadano (antes Convergencia), y logró convencerlos para que lo respaldaran e imponerse, así, al del PRD con una propuesta para consejeros.

Durante el año que la panista y hoy precandidata del PAN a la Presidencia de la República, Josefina Vázquez Mota, estuvo al frente de la Junta, ésta siempre supo que era difícil convencer al PRI de que desistiera de su pretensión de quedarse con dos de los tres lugares vacíos del consejo electoral del IFE, así es que “navegó”, nunca convocó para la elección y mediáticamente logró culpar a los partido tricolor de ser ellos los que retrasaban la elección.

Ahora, Armando Ríos Piter –quien no goza del respeto de varios de los operadores priistas–, fue rebasado y no le quedó más remedio que llevar el planteamiento del PRI a la Mesa Directiva, sin la firma de dos partidos políticos. De entrada, se veía que la propuesta no pasaría, que era intransitable y dañina para el Instituto. Y no por las personas que fueron propuestas, sino porque no se contaba, de inicio, con el respaldo del PRD y del PAN.

No se puede hablar de un IFE que dé confianza cuando dos de las tres principales fuerzas políticas no avalan los nombramientos.

En segundo lugar, el PRI, aunque trabajó muy bien con las filias y fobias de Andrés Manuel López Obrador y logró el respaldo del PT y Movimiento Ciudadano (Convergencia), no pudo evitar quedar como un falso, pues bajo el argumento de que “se estaba en el límite” porque, por ley, este viernes 7 de octubre arrancó formalmente el año electoral 2012, quiso imponerse, cercar al PAN y pisotear al PRD.

Del lado panista el cinismo se hizo patente. Cínico fue sostener una presunta ética y dignidad de partido cuando desde la tribuna dijeron que si un partido era excluido en el acuerdo no avalarían la propuesta.

Muy rápido se les olvidó a los panistas aquella noche del 31 de octubre de 2003, cuando en las oficinas de Germán Martínez, entonces diputado y parte del equipo compacto de Felipe Calderón, elaboraron junto con Elba Esther Gordillo la lista de los tres consejeros electorales que serían votados, dejando al PRD fuera.

Fue el PAN el que inició las prácticas que el PRI pretendió imponer el pasado jueves cuando no incluyó ninguna de las propuestas del PRD.

Por su parte, los del PRD, a través de la corriente de Nueva Izquierda, se rasgaron vergonzosamente las vestiduras y se conmiseraron de sí mismo porque no fueron tomados en cuenta; porque el PRI quería repartirse dos tercios de la tajada del IFE. Al PRD no le importó aliarse con el PAN y jugar el papel de víctima con tal de evitar el exceso del PRI. Algún diputado les recordó a los perredistas de Nueva Izquierda que sólo le estaban haciendo el juego al PAN, a Felipe Calderón, a quien los puso en la dirección nacional de ese partido cuando Jesús Ortega llegó a la presidencia nacional del PRD. En suma, les reclamaron veladamente que le estuvieran pagando al PAN su respaldo de ayer.

Y la parte que más llamó la atención fue que PT y Convergencia se sumaran al PRI. Los lopezobradoristas, sumándose a la causa de “la mafia del poder”, los priistas. Este fue el sentir e incluso lo que se les reclamaba desde tribuna por parte del PAN.

Lo cierto es que todos los partidos movieron sus piezas para sacar ventaja del IFE y no para conformar un Instituto que pueda recuperar la confianza de la gente. El PT y Movimiento Ciudadano (Convergencia) votó con el PRI porque así se los ordenó Andrés Manuel López Obrador.

Las razones del tabasqueño fueron evitar a toda costa la presentación de una terna respaldada por Nueva Izquierda que, a su vez llevara, la etiqueta de Marcelo Ebrard.

López Obrador, sabiendo que los números no le favorecen en la Cámara, buscó sólo congelar, desde la presentación, la terna de al fracción del PRD que respalda al actual jefe de Gobierno para que sea el candidato a la Presidencia de la República. Y como la propuesta del PRD era Emilio Álvarez Icaza, a quien el pejismo tiene identificado como cercano a Ebrard, es que PT y Movimiento Ciudadano (Convergencia) se sumaron al PRI. ¿Revancha de Andrés Manuel hacia Álvarez Icaza por haber cuestionado el plantón en Paseo de la Reforma en 2006? Puede ser. Lo cierto es que la línea enviada a sus incondicionales fue: no respaldar ninguna propuesta que incluyera a Álvarez Icaza. Y así fue.

Además, López Obrador tampoco quería que en la terna figurara Arely Gómez, extitular de la Fiscalía Especializada contra Delitos Electorales (Fepade) y a quien Felipe Calderón destituyó del cargo luego de que no investigara la supuesta intromisión del entonces gobernador de Veracruz, Fidel Herrera, en la elección estatal para elegir al nuevo Ejecutivo local, que terminó siendo el priista Javier Duarte. Pero el pecado mayor de Gómez no fue ese, sino más bien ser la hermana de Bernardo Gómez, un hombre que en Televisa ha sabido imponerse; ser la hermana de quien ha manejado la empresa televisiva más importante a favor del priista Enrique Peña Nieto, fue su peor carta de presentación ante El Peje. La orden del tabasqueño incluía rechazar toda propuesta donde figurara el nombre de Arely.

De los 17 personajes que conforman la lista, elaborada por unanimidad en la Comisión de Gobernación, sólo quedan, 14 pues tres fueron descalificados la tarde del jueves pasado. Y si pensamos que el PAN difícilmente podría aceptar a quien su jefe “despidió” de la Fepade, pues los nombres se reducen a 13.

De todos, el que más sobresale técnicamente es, sin duda Juan Manuel Herrero, un hombre que durante el priismo ocupó el Registro Federal Electoral y a quien se le debe haber partido, haber dividido los distritos electorales en donde el PRD tenía mayor fuerza. Pero también, como un hombre que trabajó al lado del panismo en la administración de Vicente Fox y, por lo mismo, podría tener la simpatía de este partido.

Otro personaje que sobresale es Ciro Murayama, a quienes los panistas de corte académico y menos político, le ven grandes capacidades técnicas e imparcialidad para estar al frente.

Del lado de la izquierda –que no del PRD o de Nueva Izquierda-, estaría Leticia Santini, una mujer que tiene una amplia experiencia y ha trabajado como parte del comité del programa evaluación y observación electoral de la ONU, el PNUD, uno organismo imparcial que en cada elección federal vigila el proceso.

Al resto, priistas, panistas, perredistas y pejistas, les ven cierta simpatía hacia algún partido político, sin embargo, resulta absurdo que cualquiera de los 17 personajes de la lista inicial que fueron aceptados por unanimidad, que ningún partido político les encontró excusa para no aceptarlos, hoy sean considerados prácticamente “propiedad” de un partido político. Con esto, lo único que están demostrando todos los partidos es que siempre mintieron, que nunca creyeron en los personajes que estaban avalando y que sólo están esperando el momento de que su estrategia política funcione y poder colocar en el IFE a quienes creen que les van a servir. Nunca a quien creen que puede ayudar a esta tan desprestigiada y endeble institución en que los mismos partidos han convertido al IFE.

Los diputados son tan cínicos, que ellos, quienes hacen las leyes, han sido los primeros en violarla cuando incumplieron con la Constitución Mexicana el 31 de octubre de 2010 al no aprobar a los tres consejeros por los que hoy se están peleando. Y son estos mismos diputados y políticos de los tres principales partidos los que han hecho todo lo posible para desacreditar a la institución que organizará la elección presidencial del 2012. Una elección que con o sin los tres consejeros electorales que faltan, se antoja ya en conflicto poselectoral.

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