lunes, 21 de marzo de 2011

Humoristas ¿involuntarios? . Francisco Rodríguez


Indice Político

De no ser por el luto que embarga a las familias de los casi 40 mil muertos y más de 20 mil desaparecidos por la guerra de Calderón, de no ser por la falta de empleos, de salarios verdaderamente retributivos, y –entre un rosario más de calamidades— de no ser por las campañas de odio y de miedos que desde la fallida Administración se inyectan a la sociedad no informada… de no ser por todo eso, pues, ¡el país debería estar desternillándose de la risa!

A Felipe Calderón le han crecido los enanos… y éstos se han convertido en el hazmerreír de cuanta sobremesa, reunión, velorio o fiesta se organice.

Son de chiste. O payasos. Pero eso sí, muy pero muy payasos.

Cualquiera suelta la carcajada cuando escucha el sketch del Oliver Hardy que ocupa la Secretaría de Hacienda y Crédito Público, sobre la elasticidad de los seis mil pesos por piocha.

Hay, además, quienes desde la semana anterior están doblados de la risa porque el Stan Laurel impuesto en Educación, soltó el gag: “¡las telenovelas son el instrumento idóneo para abatir el rezago educativo y el analfabetismo!”

Comiquísimos, ¿no cree usted?

Lo mejor es que en ambos casos, sus bromas han salido de su propia tatema. No necesitaron maestrías en el extranjero, ni nutridos grupos de asesoría, y ¡vaya! tampoco de focus groups ni encuestas ni investigaciones de campo.

Habrá que reconocerles a los señores Cordero (Hardy, pero “chaparrito, peloncito y de lentes”) y Lujambio (Laurel, pero estirado, muy pero muy estirado), que han salido bien librados de sus “solitos” en el showbiz.

Aunque tal tampoco es meritorio. Tienen un buen jefe de la trouppe denominada “Para vivir mejor”, ante cuyo sólo enunciamiento cualquiera “se hace pipí de la risa” en los pantalones.

Prestidigitador muy serio, Calderón domina no pocas de las especialidades circenses: Pero es su tarea como mago-magazo por lo que está ya muy aplaudido: De la nada –bueno, el gobernador Oliva, presume que de Guanajuato— aparece votos de más. Anuncia que sacará de la chistera millones de empleos o que eliminará impuestos, y ahí tiene a una cada vez más menguada porción de la población con la boca abierta esperando a que cumpla, cuando prácticamente ya sólo le quedan unos meses como ocupante de Los Pinos.

Y aunque es monotemático –guerra, narcotráfico, lucha, maleantes, etc.—, de vez en cuando “se avienta” muy buenas puntadas. Maestro del disfraz, ha aparecido como general del Ejército con una casaca y un quepí de talla extra grande, lo cual movió a risa. Y ahora anuncia que su gusto, su verdadero gusto, no es ser político –presidente, dijo él—, sino periodista maniqueo. Buenas puntadas. Pero muy de vez en vez, porque casi siempre toma de la tragicómica.

Ahora que, en realidad ¿no serán ellos quienes se burlan de nosotros?

Porque cómicos, cómicos, lo que se dice cómicos, ninguno de los tres aquí retratados –falta, por ejemplo, el caballero de las finas formas Lozano Alarcón, con sketches de “ahora sí”, “ya merito”, “siempre no” que, de la risa, nos tiran de la silla—, más bien sosos, burocráticos, habitantes ellos de la más burda y repelente mediocridad o, si se quiere, medianía.

Si no lo cree así, vea lo risibles que se vieron los señores Blake, García Luna, Chávez Chávez y hasta Galván y Saynéz escondidos tras las faldas de la señora Espinosa Cantellano, a quien enviaron a explicar asuntos que no son diplomáticos, sino de seguridad nacional y seguridad pública. Está rellenita la ocupante de la Cancillería, pero aún así todos se veían tras ella temerosos y, claro, muy requete chistosos.

Pero, bueno, en medio de tanto ruido de dizque políticos y de tanta gritería en los medios sobre las incontables amenazas dentro y fuera del país, de acusaciones de traición, del alboroto que se disfraza de discurso en programas de radio y televisión que son la experiencia cotidiana en este país, ¡qué bueno es reírse de los burócratas que hacen imposible la vida de prácticamente todos los mexicanos!
Así que, si ya se saben el último de Calderón… ¡envíenlo por correo electrónico!
Igual si tienen por ahí guardado uno nuevo de Stan Cordero o de Oliver Lujambio… aunque es de dudarse que haya alguno más, pues esos “chispazos” de buen humor sólo se dan muy pero muy ocasionalmente en burócratas “sin chiste”, cual los colaboradores más cercanos del simpatiquérrimo Felipe Calderón.

Índice Flamígero: Todo indica que el más jocoso de todos resultó Barack Obama. Le cumple su deseo a Calderón de desembarazarse de Carlos Pascual. Pero seguro le depara una broma aún más pesada, porque el inquilino de la Casa Blanca sí sabe que quien ríe al último… ¡ríe mejor!

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