viernes, 11 de febrero de 2011

Consideran desafortunada cabalgata de Calderón El Universal


Distrito Federal — Carlos Martínez Assad, académico del Instituto de Investigaciones Sociales de la UNAM, consideró "desafortunado" el simbolismo que trató de hacer el presidente Felipe Calderón, al cabalgar en una yegua, como hace 98 años hizo Francisco I. Madero en lo que hoy se conoce como la Marcha de la Lealtad.

"Todos los regímenes tratan de obtener beneficios del manejo simbólico de la historia, de personajes que podrían enaltecer al gobernante en turno.

"Sin embargo, ese simbolismo puede no ser el más afortunado y creo que en este caso justo que se conmemora la Marcha de la Lealtad el presidente baje en un caballo del Alcázar pues podría no ser una referencia simbólica muy afortunada algo que seguramente los asesores del presidente deberían comentarle, muy probablemente el presidente no sabe el desenlace del final de esa jornada", dijo Martínez Assad.

Aunque se quiso resaltar la lealtad de las fuerzas armadas, muchas veces lo simbólico no se hace de la manera más afortunada.

Recordó que sólo el ex presidente Miguel de la Madrid (1982-1988) recurrió a Madero por su representatividad para la democracia.

Ayer, durante la ceremonia de conmemoración de la Marcha de la Lealtad, el presidente Felipe Calderón evocó la escena en la que Francisco I. Madero recorrió el Paseo de la Reforma hace 98 años.

Calderón lo hizo montado en una yegua warmblood, que estaba lista previo al acto oficial, desde el Alcázar de Chapultepec recorrió el adoquinado hasta la base del cerro, acompañado del general Jesús Castillo, jefe del Estado Mayor Presidencial.

El presidente del senado, Manlio Fabio Beltrones; el presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, Juan Silva Meza; el vicepresidente de la Cámara de Diputados, Francisco Javier Salazar Sáenz, iban detrás de Calderón en un vehículo militar descubierto, apoyados en el pasamanos.

A lo largo del camino de adoquines había cadetes de guardia y banderas.

A finales de 1912 el presidente Francisco I. Madero recibió la alerta de un cuartelazo contra su gobierno, fraguado desde las filas del Ejército.

La madrugada del 9 de febrero de 1913 un grupo encabezado por el general Manuel Mondragón, liberó a los generales Bernardo Reyes y Félix Díaz y fueron a Palacio Nacional, que estaba bajo resguardo del general Lauro Villar.

El gobernador del Distrito Federal, Federico González Garza, fue quien armó a los gendarmes de la capital y los guió al castillo de Chapultepec, junto con el vicepresidente José María Pino Suárez.

El presidente Madero se reunió al pie del cerro de Chapultepec con los cadetes del Heroico Colegio Militar y los gendarmes aglutinados por González Garza. Juntos se dirigieron a Palacio Nacional y recorrieron Paseo de la Reforma. Este hecho ha pasado a la historia como "la marcha de la lealtad" y se conmemora todos los años por el presidente en turno.

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