martes, 5 de octubre de 2010

Anomia y anarquía Carlos Murillo González

¿Por qué los gobernados se someten cuando tienen la fuerza de su lado?

Noam Chomsky


Es común en mucha gente (incluidos intelectuales, periodistas y políticos) confundir la anomia con la anarquía. La anomia es cuando no existen leyes o nadie las respeta; caso contrario la anarquía es una organización social sin gobierno, no sin reglas. La primera es sinónimo de caos, la segunda de libertad de conciencia; la primera es propia de los gobiernos, la segunda es intrínseca de las personas. A octubre del 2010 en Chihuahua impera la anomia.

Miedo a la “chusma”. En el pensamiento capitalista neoliberal (y en general en la opinión de todos los regímenes autoritarios) la sociedad “debe” ser dirigida por una élite que por sus características “superiores” pueda “liderar” al resto de la población (considerada ignorante, salvaje o inferior). Lo que hoy entendemos como democracia no es otra cosa que el último disfraz de las élites para seguir en el poder y mantener engañado al pueblo. La democracia no existe, pues si existiera, seríamos otras personas con otras formas de organización social más progresistas y humanas, sin necesidad de “gobernantes”.

Miedo a la democracia. El régimen político mexicano, al igual que otros regímenes falsamente llamados democráticos, basan su legitimidad en la realización periódica de elecciones. Por esta misma razón en estados como Chihuahua (campeones nacionales de abstencionismo) la gente ya no cree en la política, pues confunde democracia con elecciones y al no ver resultados en su realidad cotidiana de años, simplemente deja de votar. A final de cuentas el régimen obtiene lo que desea mientras procura seguir confundiendo a la sociedad con conceptos abstractos que difícilmente se llevan a la práctica.

Gobierno y opinión pública. La cosa no es tan sencilla; para lograr el apendejamiento de la sociedad se requiere de la unión de los interesados para mantener el orden de las cosas; así los medios de comunicación ocultarán información o la tergiversarán; las televisoras pondrán la diversión alienante (fútbol, telenovelas, concursos) los licoreros harán lo suyo, así como los productores de comida chatarra (Bimbo, Coca-Cola) las religiones o los empresarios en general y como último recurso, siempre estará la fuerza bruta del Estado. Así las cosas, a la persona común le resultará más gratificante mantenerse alienado que alzar la voz o repetir sin reflexionar lo que diga el noticiero, el cura o el columnista comprado por el régimen.

Ese control del pensamiento social es totalmente anómico, pues violenta las legítimas aspiraciones de las personas por vivir mejor haciéndoles creer que son incapaces de dirigir su destino; por eso los gobiernos imponen leyes que luego son incapaces de cumplir al hacerse tiránicos y corruptibles, pues es bien sabido que el poder también genera adicción. Pero también por eso los pueblos se rebelan cuando la anomia se vuelve insoportable. Volviendo al ejemplo de Chihuahua, notamos a lo largo de su historia distintas manifestaciones sociales cuando los gobiernos le dan la espalda a la población; ahí está la Revolución de 1910, el alzamiento de Madera en 1965 o las iniciativas ciudadanas por la apertura democrática (sic) en la década del ochenta del siglo pasado.

Autogobierno. En Ciudad Juárez, como en su momento ha pasado en otras latitudes, por ejemplo en las comunidades zapatistas o en la Ciudad de México después del terremoto de 1985, la gente, cansada de tantos engaños, corruptelas, represiones y demás, tiende a organizarse frente a las crisis y tragedias. Hoy vemos en Juárez el ejemplo de Villas de Salvárcar que meses después de su tragedia y pese a los esfuerzos de los tres niveles del Estado por comprar sus conciencias, tienen ya una biblioteca autogestionada y hacen vida comunitaria. Pero también están las y los pobladores de Asención quienes hartos de la violencia y ante la ausencia de un gobierno que los proteja, hoy están obrando de manera independiente, ¿o había de otra?

La anomia se reconoce fácilmente, tan sólo hace falta un recorrido por las principales ciudades norteñas del país (Monterrey, Culiacán, Ciudad Juárez…) para ver el caos en el miedo de la gente y en la autocomplacencia de los gobernantes que ya no saben qué inventar para sostenerse en el poder, pese a su ineptitud y que por cierto, son los principales violadores de normas, comenzando con la Constitución, ¿no es así espurio Calderón? Esa anomia que viene de la ficticia “guerra” contra el narcotráfico no sólo pone en peligro nuestras vidas, sino la soberanía (o lo que queda de ella) si consideramos el discurso estadounidense antimexicano de las últimas fechas (Estado fallido, narcoinsurgencia…).

¡No se deje engañar! La anarquía es una aspiración humana, no el caos, desmadre, confusión y peligros propios de la anomia. Aunque le parezca extraño, en la medida que tome conciencia de la falsa necesidad de “ídolos”, “gobernantes”, “líderes” y demás, estará más dispuesto(a) a vivir sin ellos. No es una opción, es una urgencia; no hay líderes, tod@s somos líderes.

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