jueves, 29 de abril de 2010

Jacinta, Teresa y otra Güeraaaaaaaaa


• El origen de las formas y el fondo…
• ¿Justicia?
En una causa verdaderamente justa, mi estimado, el débil vence al fuerte. Emblemáticas señales que se suman a la lista de pendientes de la justicia a secas en este surrealista Vive México. El escandaloso caso de las indígenas otomíes acusadas de secuestro en un simpático proceso lleno de irregularidades, ha destapado la inmunda cloaca en la sastrería (por aquellito de los expedientes a la medida) de la PGR y en el mismo sistema judicial, aunque no se debe perder de vista el interesante origen que se pierde entre tanto bullicio y pirotecnia mediática.
Así que corra por su drink para refrescarle la… memoria de lo que ocurrió previo al proceso electoral del 2006 y que ha develado, por millonésima vez, la impunidad con la que se manejó el inner circle de Genaro García Luna. ¿Listo? Ahí le va.
Turns out que los mAFIosos en esa divertida época no andaban muertos, sino andaban de operativo contra la piratería gracias a una denuncia anónima (of course) del 26 de marzo del 2006, y vámonos tendidos sobre el pueblito Santiago Mexquititlán, Querétaro, donde La Güera (¡¿ooootraaa?!), a la que posteriormente se identificó como Alberta, se le señalaba como vendedora de droga en la comunidad.
Después de entretenidos trámites burocráticos, se solicitó el operativo que por las formas y el fondo se salió de control, en el tianguis del cándido pueblito se armaron los madrazos, reinó el desorden y el caos que originó primero que les rompieran su mandarina en gajos solicitando la reparación de los daños (80 mil pesos), después que se quedara uno de los mAFIosos, SP05, con los manifestantes hasta realizado el pago. ¿Luego entonces?…
El dinero se entregó por el mAFIoso, SP09 (70 mil pesos) y acto seguido SP05 fue liberado. Todo consta en la A.P./PGR/QRO/SJR-VIIA/064/2006. ¿Seguimos?
Al parecer los mAFIosos de García Luna quedaron agraviados y enchilados, engendrándose un peligroso ánimo de venganza. El lucido (que no lúcido) operativo estuvo a cargo de Ramón Pequeño quien, of course, mantuvo al tanto a García Luna de lo que sucedía con la enchilada población que se vio agraviada por la prepotencia de los federales que desencadenó la impunidad y el atropello en contra de los derechos deJacinta, Teresa y Alberta.
Meses después y tras una larga tenebra desarrollada por the usual suspects, se les detuvo acusadas de haber secuestrado a ¡seis! mAFIosos y se les condenó a 21 años de prisión.
No sólo, según la SCJN, se les sembraron pruebas (qué... ¡¿hay de otra?!) para empinarlas e incriminarlas imputándoles inexistentes delitos, sino que durante cuatro años estuvieron presas, lo que desencadenó, mi estimado, un movimiento social para defender sus derechos pisoteados por… esa runfla de mAFIosos gracias a un fallido operativo que, por falta de disciplina y método, se salió de control y pues shit happens.
Durante estos cuatro años, Genaro pasó de los mAFIosos a titular de la SSPF y de la PGR Daniel Cabeza de Vaca pasó a Los Pinos, a Gobernación y hoy es flamante Consejero de la Judicatura Federal. En este tiempo, el proceso se llenó de divertidos hoyos negros, de singulares intereses y de una manipulación de expedientes y pruebas que terminaron por derrumbarse por el proyecto presentado por la ministra Olga Sánchez Cordero, quien ayer, y con una votación unánime, se decidió revocar la sentencia de 21 años de prisión y decretar el auto de libertad de Teresa y Alberta… ya que Jacinta fue liberada el 14 de septiembre del 2009.
Hoy que es un escándalo el atropello contra los derechos humanos de estas mujeres indígenas, hoy que se desgarran los medios, jilgueros y spin doctors las vestiduras por la nula aplicación de la justicia, se debe exigir que los responsables sean llamados a cuenta.
Las inconsistencias de los mAFIosos en sus testimonios y las pruebas que la SCJN resolvió como sembradas son escalofriantes botones de impunidad. Genaro García Luna y sus muchachos tienen otro divertido problema en puerta. Porque el comienzo del hilo conductor de este asunto llegó hasta el despacho del titular de la SSPF, pasando por Ramón Pequeño. Ahí en ese nidito donde, según la SCJN, se fabricaron testigos y pruebas para inculpar a las tres indígenas en un proceso viciado desde el inicio y que transitó por un cúmulo de irregularidades, corrupción, intereses y estulticia.
La divertida pregunta de las formas y el fondo, my friend... ¿¿en serio se castigará a los responsables…??
gomezalce@aol.com

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