lunes, 12 de abril de 2010

El desprestigio y sus consecuencias

Denise Maerker
Atando cabos
12 de abril de 2010

La mayoría opina que el caso Paulette le ha traído un gran desprestigio a la Procuraduría del Estado de México. Eso parece. Sin embargo, yo creo que es inicialmente el desprestigio de las instituciones de procuración de justicia lo que hizo, entre otras cosas, que en el caso de Paulette se cometieran errores que abrieron el caso a todo tipo de especulaciones y críticas. Me explico. A diferencia de un juez de instrucción francés o de un investigador estadounidense, el encargado del caso Paulette llegó a la casa de la pequeña pensando, sí en dilucidar que había pasado con ella, pero también preocupado por ganarse la confianza de los padres. La desconfianza era real y la familia se los hizo sentir dejando claro desde un inicio que “conocían” a gente importante. La madre no dudo en pedir que se le devolviera su celular porque “esperaba una llamada de Gómez Mont”. Lejos de someterse automáticamente a la autoridad investigadora, como ocurriría en un país con instituciones fuertes, jugaron durante las primeras horas con la posibilidad de acudir directamente con las autoridades federales o la de pedir la intervención de asesores privados. Alfredo Castillo, el subprocurador del Estado de México a cargo de la investigación, es plenamente conciente de esta situación: “Esta idea de generar confianza en la ciudadanía, de que vea en nosotros alguien que va a ayudarlos y no a perjudicarlos ni a pedir dinero y cosas de ese tipo llevó a que fuéramos demasiado mesurados”.
Difícil en esas circunstancias —cuando se esta en una posición de debilidad y tratando de agradar— no ser susceptible de manipulaciones y mantener la libertad mental de imaginar todas las hipótesis posibles. En un país con instituciones sólidas ganarse la confianza de los padres no habría sido nunca una necesidad.

Prácticamente todos los errores que se cometieron se derivan de uno inicial y central: no haber incluido desde el inicio el homicidio como una de las líneas de investigación. De haberlo hecho se habría considerado el departamento como posible escena del crimen, se habría metido a un perro especializado en detección de cadáveres y se habría hecho una búsqueda exhaustiva no sólo fuera sino también dentro del departamento. Pero independientemente de lo que resulte finalmente, ese error se explica en parte por la posición de debilidad inicial de los investigadores. Debilidad por la conciencia que tienen sobre el desprestigio que pesa sobre su trabajo y en este caso, hay que decirlo, por el origen socioeconómico de la familia.

Alfredo Castillo asume la responsabilidad y atribuye el error a una falta de malicia. Si ese fuera el caso sería casi anecdótico, sin embargo detrás de este error hay algo más estructural y más grave: la debilidad del Estado. ¡Qué abstracto suena! Y sin embrago el caso Paulette nos viene a ejemplificar lo que significa que un funcionario llegue a enfrentar una situación tan concreta como la desaparición de una menor en condiciones de debilidad y desventaja que limitan su eficacia y desempeño. Es lo que nos debería importar.

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