viernes, 5 de febrero de 2010

Juárez: ya basta

Editorial EL UNIVERSAL

05 de febrero de 2010

2010-02-05


Ciudad Juárez ha sido noticia en todo el mundo siempre por terribles razones. Primero por el asesinato sistemático de mujeres, ahora por el homicidio cotidiano de toda clase de ciudadanos, desde estudiantes de preparatoria hasta militares. ¿Cómo llegamos a esto? La visión prevaleciente en el gobierno federal decía que por falta de autoridad, y tenía razón, pero sólo en parte, porque mientras llenó la ciudad de policías y militares, dejó a la población sin guía.


Quizá fue por ello que el presidente Felipe Calderón anunció un replanteamiento en la estrategia, ya no bajo consideraciones meramente punitivas, sino también sociales. Es de celebrarse, aunque debemos estar pendientes, porque tomar en cuenta a la sociedad no significa enlistarla en una guerra armada, sino ofrecerle cohesión y alternativas. Nadie mejor para explicarlo que el ex alcalde de Palermo, Italia, Leoluca Orlando, responsable de haber transformado a esa ciudad, de un centro de operaciones de la mafia, a un lugar seguro para las familias.



En entrevista ayer por la mañana con Carmen Aristegui, desde Italia, Orlando precisó que cuando se habla de criminalidad debe distinguirse a la que tergiversa los valores culturales. En Palermo, por ejemplo, los mafiosos mataban en nombre de la familia. En México, lo hacen en nombre del progreso, de la realización individual y comunitaria a través de la ilegalidad, del principio “el que no tranza no avanza”.



Entendido esto, la cero tolerancia no funciona, las armas no bastan, porque con ellas no se pueden matar los valores y las ideas que permiten a los criminales la tolerancia de la población, en algunas ocasiones su apoyo e incluso el caldo de cultivo que necesitan para renovar a sus miembros.





“La aversión ciudadana fue el arma más potente contra los mafiosos armados”, dice Leoluca. ¿Y cómo lograrlo? Fomentando el orgullo por los valores originales de la sociedad mexicana, blindándolos de la perversión que buscan los narcotraficantes. Un maestro en lugar de un policía, sería el principio.



“Nosotros hablamos de cultura de la legalidad”, dice el ex alcalde, “como un auto con dos ruedas”. Una de ellas es el sistema judicial y la otra la sociedad civil; ambas deben girar a la misma velocidad, si una de las dos no funciona o van a diferentes velocidades el conjunto no avanza. Se necesita que los ciudadanos entiendan que la legalidad es conveniente.


Fue esa falta de equilibrio entre participación ciudadana y fuerza armada la que llevó a Ciudad Juárez a su estado actual. Esperemos que el gobierno mexicano lo haya entendido y en los días por venir anuncie un balance en la estrategia en vez del reforzamiento de la misma. Ya basta

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