viernes, 21 de agosto de 2009

Astillero



Tormenta sin jinetes

Números rojos

Jaque a la Torre

Julio Hernández López

El país se desmorona sin que aparezcan en acción los superhéroes de fábula que todavía en enero de este año intitulaban en Davos sus predicciones alegres y fanfarronas como Riders on the storm, Mexico overcoming the crisis. Felipe se parapeta tras los discursos y su ¿gabinete? mantiene la vista puesta en los presuntos cambios de nombres que el jefe solitario e impotente pretende ofrecer como muestra de que algo se le ha ocurrido hacer. En tanto, la política oficial consiste en la sencilla frase de Sálvese quien pueda. Allí están los datos del maquillador foxista de cifras económicas, el Inegi marca Sojo que no puede más que fijar en 10.3 por ciento la caída del producto interno bruto en el segundo trimestre de este año. Y el secretario de Turismo (otro foxista sobreviviente) que anuncia pérdidas por 2 mil 500 millones de pesos en este año. O el Infonavit que invita a los desesperados a que aprovechen la oferta denominada Precalificación anticipada para que tomen lo que puedan de sus fondos acumulados, que aún no les permiten conseguir un crédito pleno, antes de que otra cosa suceda. O el gobierno “de izquierda” de la capital del país que anuncia sus planes de entregar el agua como negocio privado, en una maniobra que cede a las tesis del neoliberalismo cuando en el mundo le entonan cantos fúnebres y se vuelve a la idea de fortalecer la rectoría económica de las entidades estatales en asuntos básicos, como en este caso es el suministro de líquido a la población (y, para completar el cuadro, se le cae un puente a la Fidelidad contratista, en circunstancias que en primeros reportes oficiales apuntan a la culpabilidad de un pesado transporte que no debía usar ese cruce, pero que también hacen recordar la fragilidad de las obras públicas dañadas por los ahorros hechos para pagos subterráneos a políticos y bajo la garantía de la impunidad consecuente).

El mundillo del trágico surrealismo político con el secretario de gobernación del ingobernable país y el consejero presidente del IFE sin fe que se reúnen para acordar que los mexicanos bien podemos gozar del privilegio de llevar en los bolsillos vacíos un par de tarjetas oficiales, la del antes mencionado IFE y la del negocio hildebrándico, conocida como cédula de identidad. Dinero para gastar es lo que le sobra al gobierno. Lo bueno es que parece abrirse camino una esperanza de mando, de claridad en el camino, de juicio sereno ante la adversidad (los verdaderos jinetes en la tormenta): “tal vez vaya siendo hora de revisar las estrategias con las que se ha enfrentado al narcotráfico en México, pues la violencia cotidiana, cada vez más cruenta, no es una confirmación de que se va triunfando en esa guerra”. Así lo ha planteado John Feeley, ministro consejero de la embajada gringa, en una sesión académica en el Tec de Monterrey: “No quiero decir tan sencillamente que la violencia extrema y grotesca que ustedes están viviendo hoy es una señal de éxito, creo que la situación es mucho más compleja y va mucho más allá”, y más adelante, con un enfoque de análisis militar, consideró que al gobierno felipista “ahora toca rexaminar cómo han reaccionado (los narcotraficantes ante su combate) y cómo el gobierno mexicano puede reaccionar”. ¡Ah! Otra buena noticia: el gobierno decidió apretar judicialmente contra El Chapo, El Mayo y Arturo Beltrán Leyva, mediante la presentación de más cargos y la apertura de más procesos. Claro, el gobierno de Estados Unidos.


Pero la noticia más impactante del día sucedió muy de mañana en Chilpancingo, en donde Zeferino Torreblanca (¿Torre Roja?) se ha quedado sin su principal contendiente interno y el PRI en una mejor posición para recuperar la gubernatura de Guerrero. Todavía unas horas antes de que la violencia política subiera un peldaño en el país, Torreblanca mantenía una confrontación directa con Armando Chavarría, el presidente de la comisión de gobierno del Congreso del estado que buscaba ser candidato del PRD a la sucesión contra la voluntad de Zeferino, el cuasi panista que había llegado al poder mediante el uso de las siglas de alquiler del PRD y que ahora pretendía hacer candidato a la única carta con cierto crédito que le quedaba, Armando Ríos Píter (ganador de una diputación federal de mayoría entre el aplastante triunfo de las fórmulas priístas). Chavarría parecía tener todo para ser el candidato del sol azteca, y además planteaba su intención de buscar alianzas con PT y Convergencia, pero, especialmente, con el PAN y el Panal. Días atrás, un diputado local manejado por Torreblanca, Carlos Álvarez Reyes, había acusado públicamente de traidor a Chavarría, pues éste había sido secretario general del gobierno de Zeferino como parte de los acuerdos que hubo que cerrar con el perredismo cuando buscaba ser candidato externo al gobierno estatal. La fuerte animadversión entre Torreblanca y Chavarría había tenido una demostración radiofónica durante la campaña de 2004, cuando, en una estación de MVS, intercambiaron acusaciones e insultos. Años después, habían llegado a un acuerdo peculiar con el que se pretende trasladar la elección de gobernador a 2011, a pesar de que la Suprema Corte de Justicia de la Nación ha señalado, en el caso de Tamaulipas, que deben respetarse las fechas para elegir gobernadores (julio de 2010). A pesar de ello, Torreblanca impulsa un acuerdo para que los partidos acepten, sin impugnar ante la Corte, que la elección de mandatario sea en 2011. Ahora bien, con el asesinato de ayer, Torreblanca queda tocado por las inevitables sospechas públicas y la “izquierda” guerrerense sin un aspirante fuerte a la sucesión. Todo ello beneficia al Revolucionario Institucional, que ahora deberá resolver su candidatura de entre los ahijados de los padrinos ex gobernadores: Rubén Figueroa con Héctor Vicario, Ángel Aguirre con Manuel Añorve y René Juárez con Héctor Astudillo.

¿Y el piloto nacional (designado)? Bien, gracias. ¡Feliz fin de semana!

Fax: 5605-2099 • juliohdz@jornada.com.mx

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