lunes, 16 de febrero de 2009

Bucareli. Jacobo Zabludovsky

No creo






Asesinan a un general. Devalúan el peso. Ahora pierden lo que quedaba de credibilidad. Entonces, ¿de qué murió Mouriño?

El señor Luis Téllez, secretario de Comunicaciones y Transportes, afirma que “Salinas se robó la mitad de la cuenta secreta”. Su declaración es grabada accidentalmente porque colgó mal la bocina, pero reconoce su voz y algo más importante: “Lo dije de manera indebida… sin sustento… nunca tuve ni he tenido evidencia alguna sobre acciones ilícitas del ex presidente Salinas”.

Es el mismo funcionario encargado de informar a la opinión pública de las causas del accidente en que murieron Juan Camilo Mouriño, secretario de Gobernación, y otras 14 personas. Al dar a conocer el peritaje que a nadie dejó satisfecho, ¿no lo dijo de manera indebida?

Es el mismo funcionario que zanjó una controversia con Cofetel mediante un reglamento interior de su secretaría atribuyéndose facultades que conforme a la Ley Federal de Telecomunicaciones pertenecen a la Cofetel. ¿Lo hizo sin sustento alguno?

Es el mismo funcionario que por causas oscuras aceptó la renuncia de su subsecretaria, apenas nombrada, en medio de sospechas sobre licitaciones de espectro y más de 100 refrendos pendientes de concesiones de radio y televisión. ¿No ha tenido evidencia alguna sobre acciones ilícitas?

Ingratitudes aparte, la cercanía del señor Téllez con Salinas, de quien fue subsecretario de Agricultura, y su membresía en el gabinete actual dan a su declaración una relevancia singular aunque niegue tener pruebas que sustenten la grave acusación de peculado. Un funcionario público a cuyo cargo están las comunicaciones, todas, y los transportes, todos, de un país, ¿puede lanzar una acusación de tal magnitud y seguir firmando contratos, concesiones, pagos, leyes, reglamentos, cancelaciones, favores y castigos?

La grabación casual coincidió con la publicación en internet (ver EL UNIVERSAL del viernes 13, página 12) de ocho conversaciones telefónicas entre el señor Téllez y el abogado Juan Velázquez en las que el secretario ordena: “Usen el nombre del Presidente”. “El escenario de esos audios, dice EL UNIVERSAL, se dio a raíz de una resolución para bajar las tarifas de interconexión telefónica”. ¿Autorizó el Presidente el uso de su nombre en una controversia en que se decide el destino de telefonía en México? El martes en el Diario Oficial se publica una resolución de Cofetel que obliga a Telmex a permitir la interconexión, manzana de la discordia en las pláticas grabadas. ¿Así se entregan, niegan o modifican concesiones o permisos?

La pérdida de credibilidad ocurre en medio de crisis que se agravan, como la económica y la de inseguridad, y controversias que dejan mal parado al gobierno. Lejos de acatar los llamados a la unidad que repite con insistencia, el presidente Calderón provoca o tolera hechos que dividen a los mexicanos.

La reacción desatada ante las opiniones del ingeniero Carlos Slim, son una muestra. En vez de llamarlo a exponer con detalle sus puntos de vista que según encuestas son compartidos por la mayoría de los mexicanos, llamada que sería una manera de unir, ordena lo ataquen. Subordinados entusiastas se relamen al insultar a Slim como “individuo de mala leche” y desearle “que la boca se le haga chicharrón”. Viva la unión.

A fines de este año llegaremos a la mitad del sexenio. Según pintan las cosas, estaremos peor. No debido a los pronósticos del ingeniero Slim, sino a causas evidentes en México y el mundo. Es hora de recomendar prudencia.

El fracaso en la lucha contra la delincuencia y en poner en orden nuestras finanzas, en lograr seguridad económica para millones de ciudadanos, en crear esperanzas para jóvenes desconcertados, está derivando en actitudes preocupantes.

A la hora de escribir esta columna, el señor Téllez despacha en su ministerio quitado de la pena. Si fuera otro país ya estaría en su casa o ante quien pudiera explicarle que acusar a alguien de un delito es asunto delicado, agravado si se carece de pruebas.

No me extrañaría que continúe como si aquí no hubiera pasado nada. No sería el único caso de político en la esfera del poder a quien ser boquiflojo, ofensor o mentiroso no le ha hecho daño alguno. Y no ha movido al señor Calderón a distanciarse de ellos. Hasta el Papa, para citar a alguien que respeten, reprueba de vez en cuando a los obispos que se portan mal, para que no se crea que piensa o hace como ellos.

Dicen que la credibilidad es como la virginidad: cuando se pierde, se pierde. No tanto. El “no te creo” puede corregirse, cambiarse con hechos concretos. Uno valioso sería respetar las opiniones ajenas. Otro, barrer la casa.

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