domingo, 9 de noviembre de 2008

Y los testaferros de la derecha no la dejan pasar para seguir sembrando el encono

Y vale la pena no olvidar que este fue el primero en difundir el rumor de la destitución de Mouriño...Panazi hipócrita.


Ricardo Alemán
Itinerario Político
09 de noviembre de 2008


Malquerencias


Mientras que desde la Secretaría de Comunicaciones y Transportes se insiste, sin mucha suerte, en una estrategia mediática para contener las muchas caras de la especulación sobre la tragedia, también se hace visible el otro rostro del caso: el del odio


De Colosio a Mouriño
Sucesores malogrados


Mientras que desde la Secretaría de Comunicaciones y Transportes se insiste, sin mucha suerte, en una estrategia mediática para contener las muchas caras de la especulación sobre la tragedia, también se hace visible el otro rostro del caso: el del odio. ¿A qué nos referimos?


A la malquerencia que en sectores sociales amplios sembró el cuento del fraude, y que hacían ver a Juan Camilo Mouriño como la representación terrenal del “diablo”, a quien no se le perdonó haber sido hijo de padre español, tener la doble nacionalidad y que su familia fuera de empresarios exitosos.

Para los amloístas fanatizados —intelectuales y periodistas muchos de ellos— el origen gallego de Mouriño, las empresas familiares vinculadas a Pemex y su amistad con el presidente Calderón —y que fue el operador para lograr el triunfo de julio de 2006 para el panista—, lo convirtieron en el principal blanco de los ataques de odio y difamación. Y si a eso agregamos que a partir de la llegada de Calderón a la Presidencia, Mouriño se convirtió en su potencial sucesor, las cosas llegaron al extremo del odio y la intolerancia.

Hoy, muerto en forma trágica, Mouriño sigue siendo no sólo motivo de ese odio irracional —que es posible ver en los mensajes llegados a medios y espacios periodísticos— sino que su desaparición permite ver el tamaño del daño causado a una sociedad envenenada de odio, resentimiento y polarización.

¿Qué dijeron las indagatorias oficiales y legislativas sobre la presunta “relación perversa” de Mouriño y las empresas familiares? Su resultado mostró que no había nada ilegal —como con maldad fue sembrada la duda— sino que el asunto se quedó en el terreno de la ética. ¿Era o no ético que un diputado, funcionario o servidor público fuera juez y parte en empresas petroleras y el propio servicio público? No, no era ético. Bueno, pues ese fue el problema. Pero de eso a convertir a Mouriño en “perro del mal” —como pretendieron los fanáticos amloístas— existe una larga distancia. En todo caso el asunto tiene claros matices políticos.




ACABAR AL POTENCIAL SUCESOR

En realidad los ataques a Mouriño no fueron porque existiera o no algo irregular en las empresas familiares y los vínculos presuntamente ilegales de su calidad de servidor público. En el fondo de los ataques, el odio y la xenofobia sembrados en torno a él había claros elementos políticos. ¿De qué hablamos?

De que para no pocos de los adversarios políticos del Presidente y de su gobierno, Mouriño era el blanco a derribar. ¿Por qué? Porque no sólo había sido el artífice del triunfo de Calderón, sino el potencial sucesor. Y en la política en general —y en especial en la mexicana— la lucha por el poder no se basa sólo en el trabajo de los políticos y los líderes; no es sólo una cuestión de construcción personal, sino que para el éxito político tiene mucho que ver el debilitamiento del adversario.


Para tratar de entender el asunto primero debemos responder a una interrogante fundamental. ¿Por qué AMLO convirtió a Mouriño en blanco de sus fobias y de esa enfermiza persecución? Porque el tabasqueño pretendía cobrar venganza del que fuera el capitán del barco de la candidatura de Calderón. En buena medida Mouriño fue el responsable no sólo del triunfo de Calderón, sino de la derrota de AMLO. Y en política los triunfos y las derrotas siempre se pagan y se festejan.


Además, resulta que Mouriño era el más aventajado de los eventuales sucesores rumbo a 2012. Por eso era blanco de tirios y troyanos. Por eso se convirtió en el “villano favorito” de los nuevos tiempos políticos.




LA REPeTICIÓN

El día de la tragedia observamos la repetición de una película que ya vimos como sociedad —con otras características, en otro tiempo y apenas con un tercio del sexenio recorrido—: la destrucción de un político que era cuidadosamente llevado de la mano para reemplazar a su padre político.

Es decir, si con la muerte de Colosio por un asesino, manos ajenas le quitaron al presidente Salinas a su sucesor, con la muerte de Mouriño un accidente y/o atentado arrebataron a Calderón a su sucesor. A querer o no, la política mexicana, la de todo el mundo —y si no véase lo que ocurre en Rusia—, los hombres del poder siempre construyen a su sucesor. Y claro, no siempre el construido llega al poder.


Tiene sentido la especie si recordamos que en los previos a la tragedia era insistente el rumor de que había llegado el tiempo en que Mouriño debía salir de Gobernación para seguir su camino hacia la construcción de un sucesor presidencial. ¿Recuerdan cuál fue el camino que recorrió Luis Donaldo Colosio antes de llegar a la candidatura?


Bueno, pues hoy se sabe que Mouriño tenía en su destino político —por supuesto, la tragedia no era parte del presupuesto— una o las dos escalas de poder que dan el gobierno de Campeche y/o la jefatura de la diputación federal panista. Era para el Presidente el prototipo del sucesor ideal, y hoy también ha quedado claro —por lo doloroso que ha resultado para el propio Calderón— que trabajaba en la construcción del que sería su sucesor.




RECUENTO DE DAÑOS

Nadie sabe hoy lo que provocó la tragedia, si fue un mero accidente o manos ajenas provocaron un atentado. Y todo indica que el Presidente está a la espera de un indicio para decidir por un sucesor. Pareciera que Calderón realiza su muy personal recuento de daños, al extremo de haber visitado ayer el lugar de la tragedia. Frente al hecho hemos descubierto a un Presidente de sorprendente sensibilidad espiritual.

Por lo pronto, todo indica que Calderón espera un indicio sobre el origen de la tragedia para tomar la decisión de quién será el nuevo secretario de Gobernación. ¿Por qué esperar un indicio? Porque el rumbo del gobierno de Calderón dependerá de esos indicios. En pocas palabras, si se trató de un mero accidente —en cualquiera de sus modalidades— el gobierno tendrá una cara y acaso la que ya conocemos.


Pero si se trató de un atentado —lo que nadie puede descartar— la cara del gobierno, su nuevo secretario de Gobernación y acaso todo el gabinete cambiarán. Porque si existen evidencias de un atentado hablaremos de una guerra abierta, frontal, en la que las bajas serán de ambos bandos: el oficial y el del crimen organizado. Y para hacer frente a esa realidad será necesario otro gabinete con otras características.

Por eso no se ha nombrado al nuevo secretario de Gobernación. Claro, además de que el espiritual Presidente que hemos descubierto también se está dando su tiempo de duelo. Aun así, es previsible que concluido el homenaje que se le rendirá a Mouriño en el Partido Acción Nacional, se cierre el capítulo y se dé a conocer quién será el nuevo secretario de Gobernación.

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