miércoles, 24 de septiembre de 2008

Enfrentan embates con guión

Fidel Samaniego
El Universal
Miércoles 24 de septiembre de 2008
fidel.samaniego@eluniversal.com.mx
Se los exigieron a gritos, de manera comedida, en pancartas, con enojo, con amabilidad: “¡Renuncien!”.

Les dijeron que no tienen agallas, ni capacidad. Los acusaron de ineficientes, y hasta de cómplices o de corruptos.

Pero ellos, Juan Camilo Mouriño, Eduardo Medina Mora y Genaro García Luna no se alteraron, se comportaron como los tres caballeros, lejos estuvieron de ser los tres alegres compadres, aunque alguien les gritó desde el anonimato que parecían los tres tristes tigres.

El secretario de Gobernación, el de Seguridad Pública y el procurador general de la República, en comparecencia ante el pleno de la Cámara de Diputados.

Llegaron entre el silencio, el morbo y la expectación. Se fueron sin pena ni gloria. El más fuerte aplauso de los panistas no fue para ninguno de ellos, sino a la intervención en tribuna de su compañero Cristián Castaño.

Eran tres y llegaron juntos. Temprano, García Luna y Medina Mora fueron a la oficina de Mouriño. Ahí tomaron café, platicaron. Desde Bucareli viajaron a San Lázaro en el mismo vehículo. Y como toreros partieron plaza, con el primer espada, el secretario de Gobernación al frente.

Cuando estuvieron en el estrado tuvieron que esperar mientras la asamblea decidía si tenían que protestar que hablarían con la verdad o sólo bastaba con que escucharan la advertencia al respecto. El procurador y el secretario de Seguridad Pública revisaban sus papeles. El secretario de Gobernación leía una cartulina que le mostraron Elia Hernández y María Eugenia Campos, legisladoras panistas: “Te queremos” le decían ellas, las que lo han bautizado como El Bombón de Bucareli. Mouriño tenía ante él dos hojas, una con la oración al Espíritu Santo, la otra, una carta en la que se le pide que se vaya.

Se inició por fin la comparecencia. Un nuevo formato permitía que hubiese preguntas y suponía que habría respuestas. Pero eliminado el derecho a la réplica, varias veces los legisladores se quejaron de que no les habían contestado.

Ellos, el trío, ante el alud de cuestionamientos y de ataques. César Camacho, del PRI, les dijo que ha quedado claro que no van a renunciar, lo que quiere decir que tienen voluntad. Pero quiso saber si tienen agallas. En un tono suave, el procurador le respondió que sí.

Ellos ante el escándalo. Valentina Batres les exigió que renunciaran de inmediato. El coro de los duros del perredismo interrumpió varias veces a Mouriño: “¡Renuncien, renuncien!”. En su oportunidad, Marina Arvizu, del Socialdemócrata, le pidió sinceridad, le dijo que les platicara si en algún momento a solas ha pensado en que es mejor hacerse a un lado. La respuesta, como la mayoría de las que ofreció el encargado de la política interior del país fue sin salirse del guión que llevaba, sin apartarse de lo que tenía apuntado en sus tarjetas. Sin conmoverse, sin conmover.

Inalterable también se mostró Genaro García Luna, aunque Layda Sansores lo retó con una pregunta optativa: “¿Es inepto usted o es corrupto?”, y cuestionarle: “¿Cuántas Lorenas más están con usted?”, en referencia a la mujer presuntamente implicada en el secuestro y asesinato del joven Fernando Martí. Y se fueron. Otra vez los acompañó el silencio.

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